Domingo, 10 julio 2011

LA CAÍDA.

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Purificación Claver

Cuando nos trasladamos a este ático me gustó todo de él, la luz, la distribución, y sobre todo las vistas del paisaje que se vislumbra desde este décimo piso.

Solo le veía un problema y era la afición de mi marido de saltar al vacío. La última vez que se tiró por la ventana, dispuesto a acabar con su vida, fue desde un primer piso; total, una mano rota y una brecha, otra vez desde un segundo esta vez, ¡claro!... las dos piernas rotas y una gran brecha. Así hasta doce veces, ¡bueno! si es que en cuanto le ibas a la contra, ¡hala¡ -me quito la vida- y saltaba. De recién casados se tiraba desde la ventana de un piso bajo que alquilamos cerca de la playa, estaba más tiempo en el patio que dentro de casa...

Evidentemente este piso me daba tranquilidad, con esta altura no se iba a atrever y si se atrevía...Ahhh lo siento.

Esta vez saltó por una maldita mosca, que mira tú por donde la maté sin compasión encima de su calva. Esto le dio un arrebato de ira, con malas intenciones (iba a por mi) me refugié en la terraza y él saltó como siempre y como siempre salvó la vida. Esta vez fue un toldo el que amortiguó su caída.

Y aquí me tiene, otra vez en el hospital en la unidad de traumatología; está el hombre con más vendajes que una momia, ya nos conocen hasta las ratas en este lugar. En cuanto a los toldos, voy a poner una queja para que los quiten, porque son un peligro...


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2 Comentarios
Ángela
Fecha: Sábado, 16 julio 2011 a las 23:37
Ay, ay, ay... los hombres y sus pequeñas manías...
Rq
Fecha: Domingo, 10 julio 2011 a las 23:50
ja,ja muy bueno
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