...Tomábamos gofio, también, con los potajes, con los plátanos; mi madre me hacía por las tardes unas pelotas muy suculentas de gofio con plátanos; le ponía agua al gofio, y lo amasaba junto con plátanos más bien maduros...
Kirmen Uribe, el autor de Bilbao-Nueva York-Bilbao, me preguntó esta mañana qué es el gofio, ¿un embutido? Mucha gente confunde el gofio con cualquier cosa, e incluso confunde la propia palabra, gofio, que dicen de cualquier manera. Una vez que saben qué es el gofio, porque lo han probado, ya no se olvidan de la palabra. El gofio es una harina de trigo de maíz (los canarios decimos millo, y resulta que maíz es la palabra originaria). Cuando yo era chico iba al molino de La Vera, cerca de mi casa, a llevar el saco de millo (en casa preferíamos el gofio de millo); allí lo tostaban y lo molían, y yo me volvía a llevar el saco, pero ya con el gofio dentro. Mi padre tomaba leche (de la cabra, que estaba delante de nuestra casa, allí la ordeñba mi madre) con gofio y sal; revolvía el conjunto, y esa era la comida principal de sus madrugadas, hasta que volvía a almorzar, generalmente pescado salado, que comía a toda velocidad, con una pierna por fuera de la mesa, como si se estuviera yendo nada más llegar. Tomábamos gofio, también, con los potajes, con los plátanos; mi madre me hacía por las tardes unas pelotas muy suculentas de gofio con plátanos; le ponía agua al gofio, y lo amasaba junto con plátanos más bien maduros. Era una merienda extraordinaria que en mi recuerdo funciona como esos alimentos que evocan casi toda una vida evocando tan solo un rato de la infancia.