Lunes, 25 julio 2011
Ni p’atrás
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Miguel Angel Gómez Naharro
De esta crisis no salimos ni p’atrás. Que si los rescates a Irlanda,
Grecia y Portugal (con Grecia ya van dos). Que si los intereses de la deuda o
la prima de riesgo. Que si el peligro de rescate para Italia y España. Que si
Alemania está cansada de ser solidaria. Que si Estados Unidos no repunta.
Pero ¿cuándo hemos elegido a esos señores que nos dicen estas cosas?
¿Pero esto qué es?
¡Estamos como en la más Alta Edad Media!
¡De ciudadanos, hemos pasado a ser de nuevo, siervos de la gleba,
esclavos del señor feudal!
¿Y cómo se llama nuestro señor al que no conocemos?
El voto no nos sirve para casi nada. Sólo para mandar a la oposición a un
gobierno, que no controla la vida económica por estar dominado por un
grupúsculo de elementos financieramente poderosos. Mientras, pasa de la
oposición al gobierno, otro grupo que está más a favor de esos mismos
poderosos. Que los admira y envidia. Y que desea alcanzar sus mismas cotas de
poder y parecidas cuentas corrientes. Ese minúsculo club de individuos
extranjeros con algún autóctono escogido, debe estar integrado por personas,
pero parece mala gente, pues su finalidad es tener cada día más, cueste lo que
cueste. Estamos recorriendo el camino
del cangrejo.
Si no supiéramos lo que pasó con
la especulación urbanística en los gobiernos de 1996 a 2004, (sin olvidar que
nos pusieron en primera línea de fuego con Bush en Iraq). Si no recordáramos a
aquel presidente que supo imponerse a la agónica situación del PSOE
(¿recuerdan, el gobierno de las 3 palabras según el PP: despilfarro, paro y
corrupción? podríamos desear volver a 1996, cuando seguían llegando dineros de
Europa. Pero qué va. ¿Para qué? Entonces creíamos –ingenuos de nosotros- que
éramos libres y podíamos decidir quién nos gobernaba. Ahora esté quien esté,
los ciudadanos no somos más que esclavos. Hombres y mujeres subyugados a los
deseos de la cada día más poderosa y restringida cúpula del sistema capitalista
global.
No obstante veo algún que otro parche poroso y casero que podría mitigar
alguna necesidad. Verbigracia: recordemos que en la época de la que hablamos (1995),
se aprobó la LOPEGCE, una ley educativa que consolidaba un porcentaje del
complemento económico de los directores de centros educativos, y que imitaba la
estela de la consolidación del nivel 30 para todos los cargos públicos que con
anterioridad habían ejercido responsabilidades políticas. Es decir, que toda una
multitud de personas que hemos tenido en algún órgano de gobierno durante algún
periodo de su vida laboral, están cobrando porque con anterioridad han
trabajado ocupando un cargo que ya no ocupan. Parte de su sueldo actual lo
cobran porque han estado trabajando en otro sitio, pero no por lo que trabajan
ahora. ¿Creen que esto debe mantenerse con los tiempos que corren?
¡Con los millones de personas que tenemos con ganas de trabajar y no
cobran!
Ahora que los partidos políticos se afanan en trazar las líneas maestras de sus
programas para las próximas elecciones generales, les propongo un pacto.
¡PSOE, PP, IU, PNV, CIU, UPyD, BNG, UPN y demás grupos de ámbito
autonómico!: destierren la injusticia citada y firmen pacíficamente, sin sangre
ni fuego, un pacto por el pueblo español. Un pacto para aprobar en el primer
pleno del Congreso -si hace falta- una Ley Orgánica, que desactive todo atisbo
de privilegios económicos. De igual forma que los funcionarios hemos aceptado
la rebaja del sueldo, los ex mandatarios entenderán que la situación lo demanda
y son tiempos de ajuste.
Con perseguir la corrupción tipo ‘Gürtel’, ‘Fabra’, ‘Brugal’,
‘Pinedo’ o ‘eres’ andaluces, no debemos
conformarnos. En las circunstancias presentes no podemos taparnos la nariz y
mirar a otro sitio ante una práctica injusta, que aunque sea legal y se tomara
con –vamos a decir- buenas intenciones, no deja de ser intolerable e infecta.
En la medida de nuestras posibilidades, hay que buscar la forma de salir
sin que sea p’atrás.
Nota para avanzar:
Del Festival de teatro de Mérida, propongo la obra “Antígona del siglo
XXI” de Isidro Timón y Emilio del Valle. Fueron capaces de tener al público en
un puño durante 90 minutos. Introdujeron elementos históricos contemporáneos
que la hacen más cercana y creíble. La metáfora de Tiresias con la cámara, la
puesta en escena con los aportes de imagen y sonido y la frescura de los
actores completan una emocionante velada teatral.