En la sala de recreo el televisor estaba encendido, algunos internos discutian por cambiar de canal, hablaban a gritos siendo sus diálogos algo agotador que yo intentaba eludir “desde mi silencio”.
A la hora de las visitas. Candí y Emilia llegaron puntuales como siempre y se unieron al grupo que estaba absorto, viendo un programa de esos que ponen “verdes” a los invitados.
Una camarera servía bebidas y en un instante se cruzaron nuestras miradas, se acercó a mí, empeñándose en que tomara un zumo, que a mi no me apetecía, como tampoco me apetece un puré a las doce de la mañana, ni acostarme tempranito, como los bebés. Me pregunto porqué estoy aquí no estoy enferma y no necesito esos mimos falsos de las auxiliares.
Hago verdaderos esfuerzos para recordar, quien era el hombre que tantas veces me mandaba a callar, desde luego mi padre no era –que pesadito se ponía y Ramón ¡cállate mamá! Pues callada estoy ya.
Absorta en mis pensamientos, no me daba cuenta que las visitas se iban, Candí y Emilia me sacaron al jardín con los dos hombres que las acompañan siempre, comentaban entre ellos que me he quedado muda y tienen una incógnita, si entenderé lo que me hablan, pues entiendo algunas cosas y otras las ignoro, no obstante no voy a sacarles de su duda, prefiero observarlos desde el silencio.
Desde el jardín oigo como arrastran las sillas, esa pandilla de viejos distraídos, pronto vendrán aquí fuera, buscando el aire y la claridad de la tarde. Yo no soy como ellos, leo y escribo eso de la memoria, que nos mandan y no me altero con nadie, además no hablo, tengo mi orgullo y una promesa es una promesa.
En la sala grande se está fraguando algo, han traído un mueble grande con teclas, que las tocas y hace música; Candi está metida en este embrollo y se me ha disgustado ¡lo siento de veras! Todo ha sido porque se le ha metido en la cabeza que yo tocaba el mueble ese... (Piano le llaman) debe estar equivocada pues lo he tocado y se tenían que tapar los oídos, me he reído tanto que casi hablo sin embargo “mi Candí” se ha entristecido, debo intentar tocarlo no la quiero ver mustia.
Hoy he tenido entrevista con Pedro el psicólogo, se ha dirigido a la doctora como si yo no estuviera allí, me ha llamado “caso raro” aludiendo a la escritura, según dice no encuentra explicación ¡yo tampoco! Hay momentos que recuerdo palabras y las escribo, son incoherentes (según cuenta el) y le faltan vocales, no se que quiere decir con eso, sin embargo el las entiende y Candi también.
Se ha llenado la estancia de gente, han puesto música y los viejos bailan muy desaforados, yo no bailo no quiero hacer el ridículo.
He salido de aquella algarabía, y otra vez me encontré en el laberinto, quería seguir andando donde no llegara el murmullo de la gente, ni el sonido de aquella música, quería llorar. Me encontraba perdida y buscaba a mi madre. Emilia me ha encontrado ¡menos mal! ella me trajo hasta aquí donde me siento a salvo y feliz.
Escribo todo lo que viene a mi memoria porque se que algún día no podré escribir, se lo escuché a los de las batas blancas.
Candi me llama mamá y me achucha, si no fuera por esta promesa de silencio, le diría que no se preocupe pues no se exactamente lo que está ocurriendo dentro de mi, desde luego se que soy feliz, me siento a veces como una niña y otras vuelvo a la realidad como en este momento y escribo en esta especie de diario.
Ha dicho a Candi que hay esperanza, no se que significa esa palabra, pero debe tener un significado bueno.
Amor, también me suena bien.
Madre, es una palabra que la digo muy a menudo se que ella me protege.
Últimamente me ayudan a ducharme las chicas de blanco, hay una que me quiere mucho, me pinta los labios sabe que eso me hace feliz.
Buenas noches luna, dile a mamá que estoy bien.
No se que pasa hoy, me cuesta escribir el diario y no he recordado nada de lo que hice ayer.
Tengo sueño…