Lunes, 8 agosto 2011

Tormenta

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Purificación Claver

Una bandada de pájaros cruzaba el cielo grisáceo. Contemplé las nubes amenazantes de lluvia y me dirigí hacia la casa, algo parecido al miedo comenzó a invadirme, no encontraba sosiego bajo aquel cielo plomizo, los graznidos de aquellas aves eran como un presentimiento de algo nefasto.

Dentro de la casa permanecía aún el agradable calor del rescoldo de la chimenea. Lo avivé y me senté con Tula (mi perra) que pronto se quedó dormida al cobijo del hogar.
Mis pensamientos se tornaban en recuerdos, mirando aquellos troncos incandescentes que me hacían olvidar el temor a la tormenta.

Los graznidos de los pájaros cesaron y me asomé a la ventana, el cielo había ennegrecido aún más y un silencio premonitorio abatió el lugar. Por fin, gruesos goterones de lluvia cayeron sobre los campos secos, que en un momento embebieron el agua esperada durante tanto tiempo. Tula se movía inquieta y ladraba lastimera, el temporal arreciaba y Luís aún no había llegado. Mi corazón comenzó a palpitar con premura, me asomé a la ventana, vi como el agua se desbordaba por el lindero y como la oscuridad sombreaba la tarde.

Los truenos encogían el corazón de la temblorosa Tula, tanto como el mío, salí con la esperanza de ver llegar a Luís, llegué hasta el huerto y en un arrebato de angustia, lo llamé a gritos. Caí exhausta sobre las coles que ahora eran parte de barrizal, recobré la compostura por un momento y observé como el temporal arrastró todo lo sembrado, me animé pensando que al menos Tula estaba a salvo. 
En la ya cerrada noche, pasé de nuevo dentro de la casa empapada y abatida. Intenté comunicarme en vano, el teléfono no tenia línea (estaba aislada del mundo).

La tormenta cesó y por fin, el teléfono dio señales; pedí auxilio para que encontraran a mi compañero; lo imaginaba perdido y derrotado en algún lugar del inmenso campo. Agotada, aunque ya con mis ropas secas, cogí a Tula en mi regazo y las dos nos quedamos dormidas.

En el amanecer desperté sobresaltada, la falta de Luís en la casa me angustiaba ¿qué habría sido de él? Tomé un café caliente y salí fuera. Todo estaba inundado de agua y barro, todo estaba arrasado y solamente Tula sintió mi desesperación, grité abrazada a mi perra recordando que Luís no estaba con nosotras..

La policía de salvamento y los perros buscaban con tesón por los pastos encharcados ¡no había ni rastro de él!
Cayó la noche, esta vez apacible después de la tempestad y me dispuse a pasarla con una nueva esperanza. Intuí a mi compañero errante y desvalido en el inmenso lodazal. Tula, como siempre, se acercó a mi esperando un hueco en el sofá donde quedamos dormidas al confortable calor de las brasas.

Los ladridos de los perros y el ruidoso motor de un coche me sobresaltaron. Salí corriendo alborozada -¡Luís, es Luís!- exclamé en voz alta, abrí la puerta y tras de ella me encontré con la cruda realidad, la figura masculina y robusta de Ramón, el guarda, quedaba mostrada ante mi, por los primeros rayos de sol como algo sorpresivo y decepcionante. 
Me saludó cordialmente -¡buenos días, Laura!- me he acercado para ver como estabas, después del temporal, lo habrás pasado en vilo. 
–si, respondí- y Luís aún no ha llegado.

Ramón me miró con expresión de desconcierto y me dijo con una ternura paternal -¡Laura!, recuerda, el se marchó hace más de tres años. 

Lo quedé con sus cavilaciones y le di la espalda, no quería que viese mis lágrimas, ni quería demostrarle mi locura.
Observé como regresaban algunos pájaros después de la tormenta y en ese momento recordé una mañana imprecisa como aquella, cuando vi su silueta trasportando una maleta verde, acercándose al automóvil que lo alejó de mí para siempre.



Purificación Claver 
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6 Comentarios
Rq
Fecha: Jueves, 11 agosto 2011 a las 15:51
Me aterran las tormentas pero me gusta este relato
lamary
Fecha: Martes, 9 agosto 2011 a las 15:55
como siempre genial. continua queremos más.
Víctor M. Jiménez
Fecha: Martes, 9 agosto 2011 a las 12:46
Me ha gustado, Puri. A veces pensamos que tras la tormenta todo volverá a ser como antes, pero esta buena mujer no sabía muy bien en qué tormenta había perdido lo suyo. Muy bien contado.
pilarl
Fecha: Lunes, 8 agosto 2011 a las 21:10
LA TORMENTA QUE ATORMENTA. MUY BUENO.
maria hernandez
Fecha: Lunes, 8 agosto 2011 a las 17:56
muy emotivo,Locura y lucidez cogidas de la mano.
Ángela
Fecha: Lunes, 8 agosto 2011 a las 17:29
Tormenta por dentro y por fuera
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