Mi vecina Dora celebraba la comunión de su hijo Juanito.
La celebración era en su casa de campo, donde fuimos invitada toda la familia.
En una familia de seis miembros, donde cuatro son niños siempre hay prisas. Duchados, peinados y engalanados todos. Por fin llegó mi turno, me atavié con presteza, rodeada de los infantes entre griterío y algarabía de fiesta.
Su padre estaba esperando que le hiciera el nudo
de la corbata, que dicho sea de paso no supe hacer y se fue sin corbata, mucho
mas juvenil y moderno....
Estábamos
todos como soles, mi rimel, mi carmín, mi perfume, el bolso. ! Aaaah los
zapatos ¡ exclamé, ya que me iba en zapatillas con las prisas, me calcé mis zapatos carísimos de diseño rápidamente y
salimos hacia el evento.
Cuando llegamos a la casa, todos estaban saboreando los dulces y el café de mi vecina -esta- como es su costumbre, nos dio un repaso de arriba abajo.
Los niños jugaban en el porche y Dora nos ofreció
asiento con toda su familia. Después de su crítica “bonachona” sobre la pechera
sin corbata de mi marido, pasó a la mía que iba escotadísima adrede. Dora
seguía investigando mi indumentaria hasta llegar a mis pies y un grito de
malsana alegría provocó la mirada de sus invitados hasta ellos, ¡mirad! Carmen
lleva dos zapatos diferentes. ¡Que despiste! miré mis zapatos, uno burdeos y
otro negro y contesté sin inmutarme... Es que tú no entiendes de moda, son de
“diseño” y me compré dos pares iguales, en casa tengo otro par, igualitos a
estos...
Purificación Claver