Es una calurosa noche de verano. Carla se encuentra abatida, como todas las noches, en su ojos se atisba la brillante humedad de dos lágrimas contenidas, le fallan las fuerzas sin saber por qué y, como otras vecesm ahoga sus desencantos en una copa de coñac, es un truco aprendido desde hace tiempo. Está con esa compañera silenciosa y fría de todas las noches, le cuenta su infortunio entre copa y copa. Le cuenta como perdió a Tomás cuando apenas lo había encontrado.
Tomás se cruzó en su vida y ella fue tan cobarde
que le dejó con un mar de dudas, en el andén de aquella estación. Su
interminable retahíla es la de siempre, le cuenta la última vez que estuvo con
él, fue en la Estación del Norte, tía Geltru les acompañaba y controlaba sus
emociones con una mirada severa y antipática. Aún le parece sentir como él la
llevaba de su mano firme y cálida camino de la estación, y aquel beso...Después
los dos lloraron ante la mirada atónita de la tía Geltru, que no entendía nada.
Su voz se vuelve más aguardentosa en cada trago que toma. Su compañera sigue muda, y cada vez mas vacía. Le relata otra vez la historia de un novio y un traje de novia,y como el tiempo, pasa inexorablemente, dejándola con aquel sueño imcumplido. Tomás le dijo en aquella estación, no te vayas con él, rompamos nuestros compromisos. Ella subió al tren y siempre lo lamentó.
Todo se lo cuenta cada noche a esa compañera muda,
que vacía sin medida y sustituye cada día por otra compañera. ¡A quién se le
ocurre! Tener por compañera una botella de brandy...