Algunos practican, entre los entretenimientos de las vacaciones, la localización (o caza y captura) de paisanos. Andan con la antena puesta para no perder detalles de las caras que pasan a su lado. Esto sucede en los lugares de costa cercanos, como es el caso de las playas de Cádiz o Huelva, que están a poco más de tres horas de aquí. Los cazadores de paisanos, están deseando localizar a alguien de su ciudad (la presa) para saludarle con efusividad e incluso entrar en conversación algo más profunda.
Reconozco que esta práctica tuvo sentido durante la época de la emigración. Cuando uno se largaba a Alemania, por ejemplo, y descubría a un paisano, aunque solo fuera de la misma región, era como encontrar un oasis en un terrible desierto de Babel. También era habitual, cuando se salía menos, que si en aquellas antiguas carreteras nacionales dos coches de la misma provincia se cruzaban, los conductores se saludaran haciendo sonar las bocinas (ahora con el sistema de matrículas actual esto es fácilmente evitable).
Hoy no tiene sentido tanta gaita. Bien pensado, por qué tengo que entablar amistad con una persona con la que estoy harto de cruzarme por la calle si nunca nos hemos dirigido una palabra, solo por haber tenido la desgracia de coincidir durante unos días en el mismo punto del planeta. Quizás parezca un poco antipático, pero no acabo de comprender muy bien estas cosas y huyo de ellas.
Víctor Manuel Jiménez Andrada