(Dedicado a 4R)
Muy pronto dio muestras de cierto desequilibrio emocional, por su forma tan particular de relacionarse primero, y asilarse después. Inteligencia no le faltaba, por eso, una de las escasas plazas de la oposición, en la que la vi por primera vez, fue para ella. Ya en el examen me llamó la atención el celo con el que protegía su hoja de respuestas, cubriéndola con ambas manos para que nadie pudiera copiar. Todos tratábamos de hacer el examen lo mejor posible, pero el gesto era innecesario. Ambas tuvimos suerte y finalmente coincidimos en la sala de descanso el primer día de trabajo. Se preparaba un bocadillo de chorizo, separando la piel de cada rodaja, colocándolas después en el pan abierto, amontonadas unas sobre otras, porque eran tantas, que se podrían haber hecho tres bocadillos más.
Por romper el hielo se me ocurrió comentar en alto, que buena pinta tiene eso, a lo que respondió como un rayo, es mío. No me sorprendió tanto su respuesta como lo que hizo a continuación. Restregó los restos del chorizo de las dos manos sobre la mitad del pan vacío una y otra vez. Sobre la blancura del pan quedaron impregnadas las huellas rojizas de sus dedos, ahora completamente limpios
Victoria Pelayo Rapado.