Porque desde Julio, venimos recibiendo noticias sobre los dirigentes de la Sociedad General de Autores y Editores de España.
Y es desde entonces, que tengo una
pena en el corazón,
que me corre por las venas
con la fuerza de un ciclón.
Es lo mismo que un nublao
de tiniebla y pedernal.
Es un potro desbocao
que no sabe dónde va.
Es un desierto de arena, pena,
es mi gloria y mi penar,
ay penar, ay penar.
Ay pena, penita, pena.
El caso es que las novedades sobre la SGAE puede que contradigan algo la letra:
Yo no quiero flores, dinero ni palmas.
Quiero que me dejen llorar tus pesares
y estar a tu vera, cariño del alma,
bebiéndome el llanto de tus soleares.
Me duelen los ojos de mirar sin verte,
reniego de mí,
que tienen la culpa de tu mala suerte,
mis rosas de abril.
Hay quien lleva 20 años de socio de la SGAE y aún no puede votar a la candidatura que más le guste. En Julio ganaron los candidatos que han formado el follón. Menos mal que los periódicos siguen el proceso judicial que nos ocupa y nos tienen informados. Los que tengan derecho a voto y no estén implicados en el desfalco, deben tenerlo claro.
La copla dice también:
Si en el firmamento poder yo tuviera,
esta noche negra lo mismo que un pozo,
con un cuchillito de luna, lunera,
cortara los hierros de tu calabozo.
Si yo fuera reina de la luz del día
del viento y del mar.
cordeles de esclava yo me ceñiría
por tu libertad.
Lo que procede, es que quienes han disfrutado del producto de sus delitos, paguen justamente sus desmanes y que la sociedad de autores, tenga en las próximas elecciones unos dignos y honrados gestores que democraticen su estructura y su funcionamiento y repartan los beneficios con equidad y justicia. Nos sentiremos todos mejor tratados.
La España de charanga y pandereta bautizada por el maestro Machado, sigue viva. Pero además acompañada de una corrupción galopante.
Basta señalar, que de las dos copleras más conocidas que hicieron famosa “Ay pena, penita, pena”, una de ellas tuvo problemas con Hacienda, y la otra estuvo íntimamente ligada a la operación Malaya.
En fin, debemos sacar a la luz -como en Barcarrota- todos los emparedados del Lazarillo. Al menos con él hemos tenido y tendremos siempre, buena literatura.