El Hay junta en Xalapa a gente de todas partes. Y entre los reunidos en este festival literario que nació en Gales y ya tiene un cuarto de siglo, casi, destacan dos cabezas mexicanas, venerables y grises, que pasean por este pueblo veracruzano con la gallardía que dan los años. Son Elena Poniatowska, mexicana de México pero heredera también de las más disputadas dinastías europeas, y Sergio Pitol, que es de Xalapa, vive en México, fue diplomático en el centro mismo de la literatura europea, Praga, y ahora es un punto de referencia de muchos jóvenes que reciben del aliento de sus libros líneas a seguir en la prosa y en el ensayo. Verlos por aquí, risueños y felices, saludando sin discriminación ni altanería a todo el mundo que se le acerca, dialogando desde la veteranía con los jóvenes que pululan ya en torno a los efectos y los afectos de la fama que dan los libros (no tanta, que ellos no se lo crean), es un estímulo para los que creemos que esa veteranía es un alto grado. Los dos siguen escribiendo y publicando, en ninguno de ellos anida ya la ansiedad por aparecer (o por desaparecer), así que asisten, distendidos, a los homenajes que reciben, y en silencio también siguen lo que los demás dicen. Christopher Domínguez y Juan Antonio Masóliver Ródenas, mexicano y español, críticos, hablaban ayer en el Ágora, cerca de la hermosa plaza Juárez de Xalapa, acerca del papel del crítico y del momento que vive la literatura española; Domínguez dijo que el fenómeno Bolaños ("un terremoto") garantiza que la literatura en lengua española (aquella que conoció la explosión del boom) mantiene su edad de oro, aunque Masoliver le recordó que Bolaños fue un terremoto que persiste, pero según él hay pocos terremotos al lado. Allí estaban, escuchándoles, Pitol y Poniatowska. En algún momento, Masoliver dijo algo que anoto porque me pareció materia muy sugerente: "Toda escritura nace del rencor". Probablemente. Pero, ¿también la de Pitol y la de Poniatowska? Me parece que no. En todo caso, menudo tema sacó adelante el crítico de La Vanguardia en esta conversación con Domínguez, moderada por la también crítica literaria Sonia Hernández. He estado en muchas más cosas, pues estos festivales son incesantes, y muy demandantes, de atención y de tiempo. Reseño brevemente una conversación que me pareció muy sugestiva, la que mantuvieron el periodista mexicano Eduardo Rabassa y el escritor y periodista mexicano-guatemalteco-norteamericano Frank (Francisco) Goldman. Goldman perdió hace cuatro años a su mujer, Aura, una joven escritora mexicana amante del surfing, que pereció en un accidente en el mar. Desde entonces Goldman vivió la tragedia como un mazazo del que resultaba (y resulta) muy difícil levantarse. Ha escrito un libro a partir de esa pérdida, Say your name; tal como lo contó, con una sencillez extraña hoy en cualquier descripción de un libro propio, es un testimonio muy hondo que en sus palabras se convirtió, también, en un retrato de la amada como pocos he escuchado en lugares como este, donde la brevedad de los parlamentos no deja demasiado tiempo para grandes honduras. Pero Goldman halló hondura, sin duda porque la tiene. Hubo un coloquio entre Jaime Abello, de la fundación de periodismo que preside García Márquez, con el editor de América Latina del Financial Times, John Paul Rathbone. Ahí se puso de manifiesto la importancia social (y política, y económica) que tiene la labor de los corresponsales extranjeros en la prensa mundial, se deploró el cese de la acreditación de Mauricio Vicent como corresponsal de EL PAÍS en Cuba y se deploró también el uso del anonimato y otras figuras del ocultamiento en las redes sociales, instrumento de tanto valor, por otra parte, para pulsar el ánimo de los pueblos y de los países. Desde el público se reclamó una reflexión sobre la situación en Veracruz, donde el narcoterrorismo está llevando al Gobierno a censuras indeseadas de la prensa y, por supuesto, a situaciones de enorme riesgo para la vida de la ciudadanía incluyendo ahí de manera prominente a los periodistas, permanentemente amenazados por los criminales cuya ley sin piedad está cayendo con su sombra exagerada sobre este pueblo tan naturalmente feliz.