Domingo, 9 octubre 2011

Los dineros

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Ignacio del Valle

Cuando hasta los que tienen el riñón forrado piden pagar más impuestos, es que la cosa está peor de lo que pensaba. Hasta ellos se dan cuenta de que resulta imposible mantener sociedades en que un mínimo por ciento de ciudadanos tiene un máximo por ciento de la riqueza. En España, el bien común y el interés general pasa por gravar las rentas más altas en orden a la progresividad del sistema tributario -un gesto más moral que eficaz, por las diferentes escapatorias legales, pero estamos necesitados de dichos gestos-. Es importante que la percepción de la fiscalidad, los ingresos y los gastos sirvan de cemento a la cohesión social, y la rebaja de la presión fiscal en 10,2 puntos entre 1995 y 2011 sobre los más pudientes no ayuda demasiado. Tampoco lo hacen las Sicav, verdaderas trágalas fiscales que permiten tributar al 1%, habiendo en nuestros predios alrededor de 3.313 sociedades moviendo 26.200 millones de euros. Otro coladero es el impuesto de sucesiones y donaciones, que debido a las diversas bonificaciones autonómicas tiene tales coladeros, que habría que ponerle encima a unos violinistas en plan Titánic, para que fuesen tocando Nearer my God to Thee. Otro impuesto que hay que convocar con una güija, como si fuera un espíritu, es el de patrimonio. Suprimido en 2008 por alguna mente privilegiada, debería resucitar, pero esta vez redibujando los intervalos pecunarios, ya que antes solo afectaba a las rentas medias y bajas. ¿Y qué me dicen de los impuestos indirectos? Tenemos el tercer IVA más bajo de la Unión Europea, únicamente nos ganan Chipre y Luxemburgo. El que también me convence es el impuesto a la banca, la tasa Tobin de toda la vida, rebautizada para no asustar con el coco a los capitalistas -que en realidad somos todos-. Ahora bien, solo con esto no remontamos la prima de riesgo, el consumo que se arrastra, el BCE que nos hace ofertas que no se pueden rechazar para comprar nuestra deuda.. Es necesario reformar el mercado de trabajo de arriba abajo; crear incentivos para los empresarios -ahora llamados emprendedores-; denunciar la falacia de que los mercados se autorregulan; utilizar las autonomías para hacer más España y no para chantajear; hacer pactos de estado concretos -urgentemente sobre materia educativa e investigación- y motu propio, sin que nos aprieten las tuercas desde Europa., y no sigo porque voy a parecer un demagogo o un infeliz utópico.




Ignacio del Valle

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