Domingo, 9 octubre 2011

Indivisibilidad de la cosa común

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Victoria Pelayo

La discusión por la casa había comenzado once años atrás al morir el padre. Ninguno de los hermanos se ponía de acuerdo con los demás sobre cómo dividirla. Uno quería vender su parte; otro quería comprarla, pero a condición de que le cedieran la esquina del jardín con el viejo cobertizo, a lo que se negaba el siguiente por codiciar él mismo dicha esquina. Y por último, uno exigía una cláusula de indivisibilidad del jardín.

 

         La penúltima reunión para tratar sobre el futuro de la casa tuvo lugar al mismo tiempo que una tremenda tormenta descargaba su furia sobre la comarca. Tres horas después de agotadora discusión los hermanos partieron cada uno por su lado en medio de una colosal tromba de agua que parecía anunciar el fin del mundo.

 

         Las noticias locales recomendaron a los habitantes permanecer en sus casas. A las cuatro de la madrugada un relámpago iluminó la casa familiar, dejando ver cómo la electricidad descargaba toda su fuerza sobre el tejado, destrozándolo, y dividiendo la casa, por fin, en escombros.

 

 

 

Victoria Pelayo Rapado. 

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5 Comentarios
Isabel
Fecha: Miércoles, 12 octubre 2011 a las 15:32
Las hermanas Pelayo tienen buena narrativa y su imaginación casi siempre se alimenta de vivencias pasadas. Un beso.
4R
Fecha: Miércoles, 12 octubre 2011 a las 02:51
Buenísimo. La codicia rompe el saco.
Ángela
Fecha: Martes, 11 octubre 2011 a las 15:53
La naturaleza es sabia
concha
Fecha: Martes, 11 octubre 2011 a las 10:06
Genial.
Art
Fecha: Martes, 11 octubre 2011 a las 00:30
Cuánto da que pensar este relato, Toya...
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