Domingo, 9 mayo 2010

La lógica del fútbol es la emoción infinita

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Juan Cruz

El troceado de los partidos de la liga, impuesto por las economías de las televisiones, ha convertido el fútbol en una cansina sucesión de encuentros cuyos resultados van influyendo en cascada en los sucesivos encuentros, con el consiguiente aburrimiento de los aficionados.

Anoche estuvimos pendientes de los resultados (y de los partidos) de la liga de primera división; se impuso la lógica (por arriba), y se prolongó la incertidumbre (por abajo). El Barcelona jugó una hora primorosa, fiel a su calidad ahora legendaria (en el fútbol las leyendas se revalidan, o no, temporada a temporada) y certificó, salvo sorpresas, un resultado lógico, esperado, de una de sus mejores temporadas en la historia del fútbol español; Europa fue otra cosa, ya se sabe. Y el Madrid ganó de forma contundente, a un Atletic de Bilbao francamente desmejorado, y en primer lugar, en esta ocasión, desmejorado por el árbitro. Es una victoria que certifica el buen momento del equipo rival del Barça. Pellegrini dijo que no bastaría; la lógica lo dice, pero hay que tener en cuenta que la lógica del fútbol también implica la emoción infinita. Teníamos en casa la ilusión, desmentida poco a poco, de que el Tenerife venciera a un Almería que ya no tiene ninguna ilusión en el ascensor de la liga, pero otra vez el noble equipo de Oltra se quedó a las puertas de la esperanza, que es una forma de la desesperación.

Así que sólo la precaución (que no tuvieron los futbolistas) impide cantar ya la alegría del liderato total del Barça, aunque en el caso del Tenerife la aspiración a quedarse en la primera división está basada en las razones de las matemáticas, y sobre todo de las matemáticas ajenas. Fue una jornada espectacular, de emoción infinita, como tendrían que ser siempre las jornadas del fútbol que nos gusta. El troceado de los partidos de la liga, impuesto por las economías de las televisiones, ha convertido el fútbol en una cansina sucesión de encuentros cuyos resultados van influyendo en cascada en los sucesivos encuentros, con el consiguiente aburrimiento de los aficionados. Lo de ayer fue especial: todos los partidos a la misma hora, todos los futbolistas mirando de reojo los marcadores ajenos para agarrarse a las esperanzas o a las decepciones que se iban produciendo. Lo mismo pasaba en casa, y debo decir que pasé un rato tan grato (excepto por la decepción amarga que nos deparó el Tenerife) que luego la cerveza me supo a gloria. La próxima jornada, espero, quizá todo sea del color que anima mis venas futboleras.

Juan Cruz, de su blog MIRA QUE TE LO TENGO DICHO
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