...Hay que hacer reformas, y hay que ser valientes. No es tiempo para jugar a la defensiva. Soñar el futuro sin garantizar el presente, es afrontar la marejada de la crisis a bordo de un cayuco. Yo no quiero afrontar el temporal desde la orilla, sino en la nave. Los ciudadanos son remeros que se crecen ante la adversidad, y los políticos, también debemos ser remeros, antes que meros patrones. Es tiempo de acción y menos de teoría...
Sube y baja la bolsa española, a la velocidad de una montaña rusa, y en ella, todos vamos montados. Cuando tenemos un pequeño respiro, vuelta completa, y sangre a los pies. Así estamos en España, de convulsión en convulsión, y sin confianza en la recuperación. Tanto se nos anuncia la presencia de brotes verdes, que su inexistencia, los convierte en casi elementos paranormales.
No van bien las cosas, y quien no lo observe así, debe acudir al oftalmólogo. La fe no puede cegar la evidencia, y la evidencia, es que nuestros socios de la Unión Europea nos han puesto tareas de recuperación, como a los malos estudiantes. Hay que hincar los codos y dejarse de titulares.
De seguir a lomos del déficit y la deuda, no estaremos en una montaña rusa, estaremos haciendo paracaidismo sin paracaídas. Grecia no es España, pero a ojos de algunos, puede serlo. España no puede permitirse el lujo de acariciar los cinco millones de parados, ni de seguir apuntando medidas a salto de mata en la cuenta del debe, es decir, de los ciudadanos de hoy y de mañana. El dinero se acaba para el Estado, y la paciencia para los ciudadanos.
Hay que hacer reformas, y hay que ser valientes. No es tiempo para jugar a la defensiva. Soñar el futuro sin garantizar el presente, es afrontar la marejada de la crisis a bordo de un cayuco. Yo no quiero afrontar el temporal desde la orilla, sino en la nave. Los ciudadanos son remeros que se crecen ante la adversidad, y los políticos, también debemos ser remeros, antes que meros patrones. Es tiempo de acción y menos de teoría.
Es tiempo de replegar velas, y meter el hombro para empujar. Es la hora de la verdad. Y quien no quiera, ahí tiene la mar y un flotador, para que le cuneen las olas, para que se aleje de la solución abrazado a la deriva.
De su blog
Apaga y vámonos