Los que han seguido este BLOG, al que denominamos desde el principio como Plaza de la Cordialidad, porque es un sitio para encontrarse también, y no para enfrentarse solamente, saben que siempre me gustaron los requiebros. Pasar de la crítica política o de las propuestas, a las reflexiones de carácter más personal. Siempre dentro de unos límites. Mostrarse sin exhibirse.
Trasparencia sin exhibicionismo. Los ciudadanos tienen que poder conocer a sus representantes , siempre hasta unos límites. Por eso hoy quiero compartir con vosotros algunas cosas de carácter más personal, pero que creo necesario hacerlo. La primera, para todos los que conmigo habéis estado preocupados todos estos meses por la salud de esa persona tan querida para mí. Hoy es un día de lo más felices de mi vida .
La segunda tiene que ver con estos meses desde que
dejé de ser presidente. Me preguntan algunos, ¿te ha costado? Y la respuesta es
que no es fácil. Pero no por uno, sino por los demás. A mi no me costó
demasiado adaptarme, lo puedo asegurar. Me costó al pensar en los que lo van a
pasar peor con un gobierno tan conservador y miedoso como el que tenemos.
Recuerdo el placer que me produjo dar unas cuantas vueltas a la Plaza de España de Mérida en
mi coche para buscar donde aparcar o la especial sensación en el Paseo de las
Palmeras de Olivenza cuando un paisano me dijo que esta vez no me había votado
pero que me quería igual.
Si uno tiene claras sus referencias vitales, eso
puntos cardinales que enmarcan tus emociones, tus convicciones y tus
principios, no hay ningún problema. Las primeras semanas fueron complicadas,
pero no por mí, que rapidamente me acostumbre, porque quizás siempre fui más
Guillermo que presidente en lo formal. Sino por como te veían los demás.
En España no hay costumbre de que quien pierde se
quede y no se vaya. Y se queda para ayudar, para construir, para comprometerse.
No para poner la otra mejilla, cuando cada día el gobierno actual se preocupa
por criticar a los que estuvimos, más que por generar ilusión y confianza. Sino
para cumplir con su obligación, que es controlar al gobierno y plantear cada
día soluciones que ayuden a tanta gente que lo está pasando mal.
En la oposición no echo de menos el poder. Parece
más bien que los que gobiernan echan de menos la oposición.
Un abrazote
Guillermo