
Cuando la vida te alcance, digo
cuando el sol decline en tus ojos
y deje en ellos su último hálito,
les dirás, con la voz profunda del tiempo:
"hasta aquí os he seguido como leal compañera";
más tarde besarás el sueño y la tierra
con la dignidad silente de tu estatura.
Pero… hasta entonces,
que nada te hiera ni ultraje,
que la taciturna sílaba no se acomode en tu garganta,
que la guadaña no temple su acero
en tu cuerpo ardiente.