Domingo, 27 noviembre 2011

La mala suerte

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Victoria Pelayo

 Todo empezó cuando se resbaló y se rompió la muñeca. La caída trajo consigo la mala suerte. Cuando salió del hospital con el brazo escayolado, Elena le crispó hasta el extremo de insultarla, él, todo prudencia y equilibrio. A partir de ese día los desastres se sucedieron encadenados, la rotura de una tubería, la pérdida de la cartera con los planos… Pero lo de Elena tenía solución, un arrebato no sería la causa de su separación. Había planeado plantarse en su casa en cuanto le quitaran la escayola, pero no quería esperar una semana más. Una hora de tren es lo que los separaba. En el andén la telefoneó para avisar de su llegada y en el tono la notó esquiva, nerviosa, por eso aceleró el paso las dos manzanas que faltaban para llegar a su edificio. Pulsó el timbre y cuando ella en vez de abrir dijo, ya bajamos, la sorpresa por el empleó del plural lo desconcertó e hizo que el dedo índice quedara suspendido en el aire durante un minuto. Se refería a los niños, claro, pero ella debía suponer que él venía a disculparse, lo lógico ya que no le hacía subir, era bajar sola y tener al menos un rato de intimidad. Escuchó ruido a sus espaldas y al volverse la vio a través del cristal precedida por los niños, que bajaban saltando los últimos peldaños.

 

            Se miraron unos instantes y se acercó a su oído para que los niños no pudiesen oírlo, te amo profundamente. Enseguida buscó sus ojos para ver la reacción. Con un gesto de la cabeza movió toda la melena a un lado y a otro; no le miró cuando le dijo, tenemos prisa, voy al cine con los niños.

 

 

Victoria Pelayo Rapado.

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