Domingo, 4 diciembre 2011

Mismamente

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Victoria Pelayo

- Quiero que seas más cariñoso conmigo, que me digas cosas bonitas.

- Siempre estás con lo mismo, si ya sabes lo que siento, ¿no es suficiente lo que te demuestro?, lo demás es palabrería.

 

            Se bajó del coche contrariada, esta vez ni beso de despedida, adiós y un portazo fueron su única respuesta. Entró en el edificio y subió los dos pisos por las escaleras porque no quería encontrarse con compañeros en el ascensor, no en un espacio tan pequeño. Dos pisos subiendo la ayudarían a calmarse antes de entrar en clase. Ya habían empezado, se sentó en su cabina y se puso los auriculares. Había audición y después un ejercicio escrito. Imposible concentrarse, sólo pensaba en la conversación que acababa de tener con él, siempre tan frío, tan distante, sin romanticismo, nada de amor, nada de ternura, ni mimos ni cariños ni un te quiero. Nada.

 

            Pero no iba a desanimarse ni rendirse sin intentarlo un poco más. Buscó en el diccionario y escribió el mensaje más bello que sus escasas nociones de portugués le permitieron: Estou cheia de saudades tuas, enviar mensaje. Incapaz de hacer otra cosa, miraba el teléfono esperando la respuesta. La clase terminó cuarenta y cinco minutos después y el teléfono siguió mudo. El desencanto crecía a la misma rapidez que la aguja del reloj seguía su camino. Tres horas después, acostada ya, la luz del móvil parpadeó anunciando un nuevo mensaje. Corrió a cogerlo y se abalanzó sobre él. Nuevo mensaje de texto recibido. Abrir mensaje.


            Mismamente.

 

Victoria Pelayo Rapado.

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