...Fernando trajo una ficha en la que había transcrito una frase que aparece en Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante, y que me parece una de las mejores definiciones de memoria que he leído en mi vida. La leí en su tiempo, pero ahora Fernando me la ha refrescado, con gran alegría por mi parte...
El viernes último algunos amigos me regalaron una tarde de libros en Toledo. Allí, a la librería Taiga, me llevó mi antiguo amigo Gonzalo García de la Torre, que en los tiempos más oscuros del franquismo y más claros del antifranquismo tuvo una hermosa librería en Tenerife, de la que conseguíamos algunos de los libros que nos hicieron a los jóvenes de entonces. Él nació en Toledo y ha vivido por esos mundos, hasta que recaló de nuevo en Toledo, aunque tiene a sus hijos (y a sus 19 nietos) en la isla de Tenerife, algunos de ellos ejerciendo el noble oficio de libreros. Gonzalo me llevó a la Biblioteca, y después me llevó a la librería, para hablar de memoria con él y con otros amigos, entre los que estaba el escritor (y profesor) toledano Fernando Martínez. Como hablábamos de memoria, Fernando trajo una ficha en la que había transcrito una frase que aparece en Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante, y que me parece una de las mejores definiciones de memoria que he leído en mi vida. La leí en su tiempo, pero ahora Fernando me la ha refrescado, con gran alegría por mi parte. Esta es: