Viernes, 23 diciembre 2011
Antena 3 absorbe La Sexta

Las absorciones televisivas amenazan nuestros intereses

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José Hernández San Millán


Hace poco más de un año vivimos un cambio en el panorama televisivo; Telecinco y Cuatro anunciaban su fusión, formando parte del macrogrupo de comunicación Mediaset. Por aquél entonces, las otras dos cadenas privadas que quedaban Antena 3 y La Sexta, proclamaban que sería el fin de la pluralidad de contenidos y que iba en contra de la industria. La fusión que dio lugar a Mediaset tampoco contó con la aprobación del sector publicitario, principal fuente de ingresos para las televisiones.


Ahora parece que esas dos cadenas que tanto se quejaban se han olvidado de lo dicho y han imitado el modelo de negocio de la competencia. De este modo, Antena 3 ha acabado absorbiendo a La Sexta. Y es una absorción, no una fusión, porque La Sexta sólo contará con un 7% de participación tras la unión. Aunque seguirá manteniendo su identidad como cadena (o eso dicen).


Las consecuencias de todo esto ya las estamos viviendo y no tienen pinta de mejorar. El mercado publicitario ha cambiado por completo y ahora se ve dominador por dos colosos de la comunicación, Grupo Planeta y Mediaset, que juntos dominan casi el 86% de la publicidad. Esto quiere decir que los anunciantes estarán a las órdenes de las cadenas, sin posibilidad de negociación ni de cambio, pero les abre las puertas a que enfoquen sus objetivos en otros medios de comunicación.


Se acabó la buena competencia y la carrera por crear contenidos de calidad. En este duopolio ellos mandan, pero tenemos que ser conscientes de que el mando del televisor lo seguimos teniendo nosotros. Si no nos gusta lo que vemos, tenemos que ser más activos que nunca y no aceptar perder el tiempo viendo programas mediocres que duran 3 días, ni gallineros ensordecedores. Tenemos que demandar una   televisión de calidad, que siga la finalidad clásica del medio informar, formar y entretener. Quizás lo que hemos conseguido es producto de nuestras propias elecciones o, quizás, sea de los que quieren que nos guste, porque a ellos les sale más rentable.


Lo que está claro es que aquí los únicos que salimos perdiendo somos nosotros y más vale que despertemos de nuestro cómodo letargo antes de que nos acaben absorbiendo las ideas.


JHSM


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