Hace
poco más de un año vivimos un cambio en el panorama televisivo; Telecinco y
Cuatro anunciaban su fusión, formando parte del macrogrupo de comunicación
Mediaset. Por aquél entonces, las otras dos cadenas privadas que quedaban
Antena 3 y La Sexta, proclamaban que sería el fin de la pluralidad de
contenidos y que iba en contra de la industria. La fusión que dio lugar a
Mediaset tampoco contó con la aprobación del sector publicitario, principal
fuente de ingresos para las televisiones.
Ahora
parece que esas dos cadenas que tanto se quejaban se han olvidado de lo dicho y
han imitado el modelo de negocio de la competencia. De este modo, Antena 3 ha
acabado absorbiendo a La Sexta. Y es una absorción, no una fusión, porque La Sexta
sólo contará con un 7% de participación tras la unión. Aunque seguirá
manteniendo su identidad como cadena (o eso dicen).
Las
consecuencias de todo esto ya las estamos viviendo y no tienen pinta de
mejorar. El mercado publicitario ha cambiado por completo y ahora se ve
dominador por dos colosos de la comunicación, Grupo Planeta y Mediaset, que
juntos dominan casi el 86% de la publicidad. Esto quiere decir que los
anunciantes estarán a las órdenes de las cadenas, sin posibilidad de
negociación ni de cambio, pero les abre las puertas a que enfoquen sus
objetivos en otros medios de comunicación.
Se
acabó la buena competencia y la carrera por crear contenidos de calidad. En
este duopolio ellos mandan, pero tenemos que ser conscientes de que el mando del
televisor lo seguimos teniendo nosotros. Si no nos gusta lo que vemos, tenemos
que ser más activos que nunca y no aceptar perder el tiempo viendo programas
mediocres que duran 3 días, ni gallineros ensordecedores. Tenemos que demandar
una televisión de calidad, que siga la finalidad clásica
del medio informar, formar y entretener. Quizás lo que hemos conseguido es
producto de nuestras propias elecciones o, quizás, sea de los que quieren que
nos guste, porque a ellos les sale más rentable.
Lo que está claro es que aquí los únicos que salimos perdiendo somos nosotros y más vale que despertemos de nuestro cómodo letargo antes de que nos acaben absorbiendo las ideas.
JHSM