Durante el tiempo que llevo escribiendo en este diario digital, he tenido momentos poco motivadores para hacerlo. Pero como el actual, ninguno. Ya le he informado a mi editor que reduciré mis entregas a la mitad. Por un lado porque me encuentro fatigado y perezoso. Por otra parte porque el entorno así lo determina. También yo, estoy por lo tanto, en recesión.
Hace ahora justamente un año despedía el 2010 recordando cuando éramos pequeños, la tierna costumbre de ajuntar o no ajuntar a los iguales según la actitud que de ellos percibíamos. Hoy, cuando aún resuena la sentencia de que tenemos que salir de la crisis todos y juntos, veo con sorpresa que las personas e instituciones que más deben predicar con el ejemplo, son las que por sangre o afinidad están presentando los peores botones como muestra. Si encima tenemos que escuchar aplausos -por su ignorancia u omisión- emitidos por un gran número de representantes de la soberanía popular, para qué les cuento. Espero y deseo no tener que reproducir aquí una frase latina del insigne filósofo español Ortega y Gasset con la que finalizaba su artículo “El error Berenguer”. Por eso, estoy de acuerdo con el presidente de mi comunidad cuando une a Extremadura con España y con Europa, (le disculpo lo que para mí es un desliz, con el catalán y el euskera y sin el gallego, pues en Europa hay decenas de lenguas que empequeñecen al castellano, que debería constituir el vehículo común de todos los españoles en la UE y ocupar lugar preferente en la misma, teniendo en cuenta su destacadísimo puesto en el mundo).
2012 va a ser un año de depresión de las actividades económicas. Todos nos lo están diciendo. Hemos entrado en recesión y seguiremos en ella. Por tanto, que no se gaste un euro en lo que no se tenga que gastar. Y que se gaste en lo que sí se tiene que gastar. ¿Hace falta repetir el contenido de los cientos de e-mails que venimos recibiendo en torno al derroche y al despilfarro de las perras públicas? Pues eso.
La neurona se pone modorra, pero un insignificante hálito de energía me da la posibilidad, seguramente excepcional, de decirles a todos Vds.: ¡feliz año nuevo!