Al tiempo que el Gobierno del Partido Popular anunciaba en Moncloa la aplicación de una tijera insólita en la historia reciente de la economía española, los seguidores católicos de Rouco Varela, incluida la nueva alcaldesa de Madrid, Ana Botella, se manifestaban en misa contra algunos de los signos de modernidad que logró instaurar entre nosotros el Gobierno anterior, socialista. Rouco y los suyos claman, en una misa que ha paralizado el tráfico y que ha consternado a los que piensan que ahora empieza un nuevo ciclo para las libertades civiles en la capital de España, contra el aborto tal como está legislado y contra la ley del matrimonio homosexual tal como lo concibió el Ejecutivo de Zapatero. La teoría en un caso se basa en la existencia de vida antes de lo que dice la ley en vigor, y en el otro caso sucede lo que avisaba Rubalcaba: a la derecha (la eclesiástica y la política) le parece bien que los homosexuales se duerman después de comer, pero no les gusta que a eso se le llame siesta. No, no, la Iglesia no quiere que el matrimonio homosexual se llame matrimonio. Para afirmar que la familia cristiana, por otra parte, es el antídoto contra la crisis organizan, pues, una misa, tratan de exorcizar el tiempo pasado queriendo instalar entre nosotros el pasado, que transcurre debajo y a través de las sotanas. Juan Marichal, el historiador republicano que rescató a Azaña de las mazmorras intelectuales en la que le hicieron vivir, me decía hace ocho años, cuando él cumplía ochenta, que el Estado ha tardado demasiado tiempo (estaba tardando demasiado tiempo) en desprenderse de sus ligazones con la Iglesia; el Gobierno de Zapatero dio algunas alertas, pero no actuó del todo, pues la Iglesia es un intangible poderosísimo, y ahora que se ha visto liberada de trabas para salir a la calle a decir misa ha vuelto a tomar la calzada, ha usado el palio para tratar de impedir la marea moderna y nos hace santiguarnos como si hubiéramos pecado los que pensamos de otra manera. Ahora toca persignarse. Ojalá se den cuenta antes de que sea tarde los que gobiernan ahora que esa alianza va en contra de la naturaleza del tiempo y en contra de la naturaleza de la libertad. Si la Iglesia va por delante este país irá por detrás; así fue siempre, y así será siempre.