Desde esta sección, queremos dedicar un espacio e incidir en el peligro de las drogas sobre todo en nuestros jóvenes.No cabe duda alguna que, un adicto a las drogas es, sobre todas las cosas, un enfermo que debe ser tratado, una persona que debe ser comprendida y entendida y que, pese a que tenga acciones negativas y reaccionarias, en su interior quiere salir de ese túnel oculto del cual no encuentra su salida. Más aún cuando el "problema" lo tenemos en nuestros hogares.
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Lejos de no querer verlo lo mejor es
afrontarlo con seriedad, madurez, educación y buscar la ayuda de profesionales.
Es por ello que debemos saber que hay señales físicas y psíquicas que nos
pueden servir como indicativo o alerta ante una situación de consumo o adicción
en nuestros hogares.
Queremos por tanto, sigan los
siguientes consejos, que a buen seguro, les será de gran utilidad. Las señales
y síntomas del uso de las drogas tienen unos principales indicativos como
pueden ser:
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Cambio repentino del comportamiento
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Cambios repentinos de humor sin explicación de causa aparente.
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Alejamiento y aislamiento del medio familiar. Preferencia por estar solo y
no participar.
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Descuidado con su presencia personal
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Pérdida de interés en sus aficiones, sus deportes y otras actividades
favoritas
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Cambio en su patrón de dormir; despierto de noche y duerme durante el día
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Ojos rojos o vidriosos
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Nariz que moquea
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Comienzan a aparecer la falta de cosas de poco valor en la casa
- - Lo
anterior se va incrementando en el valor de los objetos llegando a faltar
dinero.
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Notable caída en el rendimiento escolar o abandono de los estudios.
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Recepción de llamadas telefónicas de personas desconocidas.
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Aumento de conflictos y peleas en el seno de la familia.
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Excesiva hostilidad para con los demás.
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Presencia de instrumentos necesarios al consumo de drogas, sospechosa
aparición de comprimidos frascos de colirio, jarabes y envases de
medicamentos.
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Acentuadas alteraciones en el apetito.
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Falta de motivación, incapacidad para cumplir con las responsabilidades.
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Distracción, risas excesivas.
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Cambios en los hábitos de higiene y en la alteración de la apariencia
personal.
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Actitudes furtivas o impulsivas, uso de anteojos obscuros aunque no haya
exceso de luz.
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Uso de camisas de mangas largas incluso los días calurosos.
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Reacción defensiva cuando se mencionan las drogas y el alcohol en la
conversación.
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Aumento de la fatiga e irritabilidad, sueño interrumpido.
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Falta de expresión en el rostro; monotonía en la voz.
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Afecciones bronquiales y otros problemas de salud.
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Depresión emocional; frecuente mención del tema del suicidio.
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Aliento alcohólico.
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Crisis de miedo o temor exagerado.
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Insomnio.
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Tos crónica.
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Apariencia de borrachera.
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Dificultad para coordinar movimiento.
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Aspecto somnoliento o atontado.
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Congestión en nariz y garganta.
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Habla mucho sin parar.
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Temblores.
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Excesiva calma o lentitud.
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Nauseas.
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Excesivo dolor de cabeza.
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Lenguaje incoherente.
- - A
veces oye, ve o siente cosas que no existen.
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LO QUE NO SE DEBE DE HACER:
Cuatro premisas son la base
fundamental de lo que no se debe hacer ante la presencia de señales o
indicativos como los enumerados anteriormente.
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Negar la evidencia, en mi casa y a mi hijo no puede ser...
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Hacer acusaciones contundentes o agresivas.
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Hacer juicios de tipo moralista sobre la juventud o las drogas.
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Abandonar a la primera, hay que insistir.
¿QUE HACER?
Lo primero que debemos hacer es
informarnos a fondo sobre del tema. Existen muchos portales en Internet,
centros de información, centros de rehabilitación estatales o privados o bien
en las páginas Web, donde podrán acceder a cuanta información se precise y que
le ayudarán en esta problemática.
Una vez estén preparados para afrontar
el problema debe HABLAR DEL TEMA con sus hijos. Lo que nunca ha funcionado en
la educación sobre las drogas es decirle algo a una persona desde un punto de
vista autoritativo. Tan pronto como uno empieza con ese enfoque, el niño,
joven, adolescente o mayor, automáticamente bloquea a la otra persona.
Siga estas sugerencias básicas para
comunicarse con su hijo o con la persona afectada:
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Aprenda a escuchar.
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Preste atención sin interrumpir hasta que él termine de hablar.
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Hago contacto visual con su hijo mirándolo a los ojos.
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Preste atención al lenguaje corporal.
- - No
siempre se necesita una respuesta magistral. Puede que no la sepa. El solo
hecho de escucharlo y que pueda expresar lo que siente es liberador.
- - No
acusar a los hijos de una conducta cuya veracidad se ignora. El
enfrentamiento no resuelve nada.
- - No
hablar del tema cuando se presuma que el joven está bajo los efectos de
las drogas.
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Intente no enfadarse, procure plantear el asunto en términos de eficacia.
- - No
recurra a amenazas, a largo plazo los resultados son los adversos.
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Deje claro cuales son las conductas que no esta dispuesto a aceptar.
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Deje claro que él o ella será responsable de sus actos y las consecuencias
que pueden aparejar.
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Asegúrese de que sabe que está ahí para ayudarle a superar cualquier
dificultad que tenga y siempre lo ayudará.
Francisco Javier Parra.
Experto
y Analista de Seguridad.