Un frío glacial. A nuestro admiradísimo Pla, Josep Pla, el gran prosista catalán, le gustaba definir el frío que hacía en aquellas casonas del Ampurdán, su tierra, como glacial. El sábado hacía, en el puesto de acecho a “Monsieur Renard”, un frío glacial. Fuimos al cauce del Pizarro y de la fusca seca y de los abundantes palos de retamas y carrasqueras, hicimos un fuego para combatir el esmorecimiento. Menos mal que luego, en el galpón donde comemos habitualmente, Alfonso M. y el gran Eusebio nos había preparado un cocido antológico.
El domingo mañana nos toco en suerte el Arroyo del Infierno, en las tierras patrias de nuestra juventud; pero la jornada estuvo empañada, a pesar del azul luminoso del cielo protector, por la muerte, en Granollers, de nuestro amigo D.S.R.
Fuimos juntos a la escuela rural primaria y compartimos ambos, además, una devoción idílica por el cine, aquel de los clásicos de antaño. Gary Cooper, Esther Williams, Stewar Granger, Robert Taylor, Ava Gardner. Ya saben. D.S.R. emigró a Cataluña y venía alguna vez que otra a su tierra. Cuando nos encontrábamos siempre amagábamos una cariñosa pelea de pesos welters. Mañana de caza turbia y pesarosa, con el pensamiento, más que en el paso de la raposa, en el recuerdo de aquel amigo de infancia, que nos habrá dicho adiós, desde tan lejos, a aquellos días de escuela, e ilusiones de celuloide en la pantalla del cine. Adiós, D.S.R., amigo y compatriota de niñez y primera juventud.