Hay días en que a uno le faltan ganas y fuerzas para escribir sobre lo que está pasando porque además de lo que sucede a diario ya se ocupan abundantemente los profesionales de los medios de comunicación, hoy no querría detenerme en el asunto del Juez Garzón,.
El Tribunal Supremo con independencia y objetividad, sin otra meta que el cumplimiento de la Ley, al dictar su sentencia ha dado una muestra de la calidad del sistema democrático en que queremos vivir en España, a pesar de los insultos de aquellos que presumiendo de demócratas tachan a sus componentes los Magistrados de terroristas o fascistas. La sentencia suspende a Garzón como Juez por haber actuado de forma totalitaria, cometiendo un delito de prevaricación y coartando el derecho que todos los ciudadanos tienen a la defensa jurídica..
En definitiva hoy Garzón ya no es Juez y yo quiero acordarme de aquel Juez Garzón del libro de Pilar Urbano titulado “GARZON, EL HOMBRE QUE VEÍA AMANECER”, que me regalaron mis compañeros del Grupo Popular del Ayuntamiento de Cáceres el día de mi cumpleaños del año 2001 y que el Portavoz y muy querido amigo, colaborador leal y eficaz Andrés Nevado Peña me dedicó con unas palabras para mi inmerecidas que reproduzco: “En nombre de todos tus compañeros del Grupo Municipal Popular, muchas felicidades, por estos seis años, en los que con tu buen hacer estas llevando la nave a buen puerto”.
El libro de Pilar Urbano me lo leí de un tirón en la Playa de la Antilla terminando su lectura el 22 de agosto de 2.001 y recuerdo frases de Garzón en el libro al decir de sí mismo:”Me acuso de soberbia: creí que yo sólo podría acabar con la corrupción o aquella otra que decía así: “Más vale echar una puerta abajo a que nos maten al Rey”. A mí me gusta como escribe Pilar Urbano y al final del libro citado, de mi puño y letra dejé escrita la palabra ¡Impresionante! en referencia a Garzón.
Y me he acordado también de unos momentos agradables cuando Garzón apareció en la Plaza de Toros de Cáceres, era seguidor de un joven novillero al que estaba ayudando y creo que su nombre es Roberto Elvira y se colocó junto a mí en el burladero de la Plaza, donde yo me encontraba con otro de mis más leales amigos y también magnífico concejal que fue Teodoro Casado Sánchez, siempre de grato recuerdo, y los tres mantuvimos una relajada conversación durante todo el tiempo que duró la lidia.
Y ahora me pregunto si el Garzón del libro es el mismo que ya no es Juez porque ha cometido un delito de prevaricación cuando él sabe muy bien que comete delito de prevaricación la persona que en su condición de autoridad o funcionario público emite un acto administrativo o resolución arbitraria a sabiendas de la injusticia del mismo.
Jose María Saponi Mendo