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Salvador Calvo Muñoz
Martes, 20 marzo 2012
Pasos y paisajes

Pago Pulgarina

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 Así llamaban antaño a ese paraje que forma parte de las Viñas de la mata; ahí, a diez o doce km de Norba. Dice A. Navareño, en su magnífico libro, que en el de Yerbas de 1694 se anotaban “pagos de viñas”, entre otros: Pozo Morisco, La Calera, Mata de Nidos, Pago de la Pulgarina, etc.

            Este último debe de ser lo que hoy conocemos como Guevara, casa que es de nuestros amigos Luis y Mº Paz. He ahí que en un alba fría y seca de este marzo desolador, tras unos fallidos vahos de agua, que nunca devino en lluvia, nos fuimos a ver Guevara, inconscientes de hora tan intempestiva y temprana.

            Dormían Las Viñas de la Mata cuando pasábamos hacia el confín de la arboleda, antes de la desolación de esos campos llanos que llegan a Petit y a Arroyo. De pronto, en medio de la carretera, el cadáver de un pobre tejón (meles meles), que incauto y lento había osado cruzar la vía y le había pasado por su orondo cuerpo la rueda de un veloz transeúnte de la noche, que no se había andado con cautelas ni contemplaciones.

            Pobre tejón. ¡Hay que ver cuánto mata la carretera, maldita sea! A la postre de la pared de piedra, llegamos a la verja de Guevara, cuya casa, magnífica, contemplamos desde el cobijo de dos centenarias y formidables encinas de asombroso porte. La del alba sería, y no importunamos el reposo de los habitantes.

            De regreso, cuando andábamos por el carril, cerca de la carretera, la vimos: Otra casa, magnífica hace tiempo, pasto de la soledad y el olvido. Esto es lo que nos desquicia, conmueve y ensimisma: tanto vivir para morir de grietas, santurrostros y cristales rotos. Qué dolor, esas construcciones estupendas, que fueron hogar de tantas cosas, y que mueren hoy en la intemperie de unos muros calcinados, balcones rotos, puertas desvencijadas e inexorables cenizas.

 

 SCM.

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