Las armas descansan; no sobre el catrecillo, silla o trípode, como aparecen en la imagen, sino en sus armeros, perchas, desvanes, baúles, fundas o donde considere su dueño. Una pasada previa por la baqueta aceitada y por el paño, y a dormir el sueño de la nueva temporada. Si acaso, sus parientes los rifles permanecerán en vigilia esperando el día que su dueño, amante incondicional de la caza del corzo, los lleve al cazadero donde espera él hacer realidad su afán. Los demás, a contar los días hasta que, en el lejano estiaje, volvemos a esos carriles de Dios en pos del paso de las tórtolas.
SCM.