
Cuando el pasado otoño le oí unas declaraciones radiofónicas al Consejero de Economía de la Junta de Extremadura, Antonio Fernández, referidas a la Orquesta de Extremadura pensé: “Estos van a por la Orquesta, desconocen su función, su funcionamiento, su utilidad y servicio, y quieren acabar con ella”.
Y si no hubiera oído sus argumentaciones y reconocido su voz inconfundible, grave, casi tan grave como lo que decía, hubiese pensado (¡hay que ver como somos todos, incluso con nuestros propios compañeros “escribidores”!) que eran “exageraciones de periodista”, o malinterpretaciones, o frases sacadas de contexto. Porque lo que dijo resultaba increíble.
Nuestro amigo y catedrático de la Universidad de Extremadura, flamante Consejero en aquellos momentos, declaraba: “La Orquesta se puede nutrir de becarios, estudiantes de Música de los últimos cursos. Puede que les suene menos bien a los oídos más exigentes, pero tendrán que sacrificarse un poco”.
Aquello desde luego fue de antología. No me lo esperaba de él, como tampoco creí que la Consejera de Educación y Cultura se fuese a quedar callada y no le enmendara la plana al compañero de Consejo de Gobierno, ante tamaño disparate. Ella, que procede del campo de la investigación y del trabajo especializado en materias difíciles, sabe lo que es un equipo de trabajo y cuál es la dinámica del mismo para que rinda frutos aceptables.
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Ahora, cuando estamos terminando una temporada musical que ha sido más que atípica, sin director titular de la orquesta, sin programación de curso, sin actuación en localidades, con un mantenimiento mortecino de conciertos de abono y didácticos, y bajo la amenaza de despidos, contratos temporales a los músicos titulares…, los problemas persisten.
Desde luego, los económicos no se han solucionado, manteniéndose una preocupante deuda general y con la Seguridad Social (y del devengo de IRPF, ¡descontado a los trabajadores!). Los de actuaciones, siguen igual: reinando la improvisación. La seguridad de los músicos y otro personal, lo mismo: en el aire.
¿Cómo se puede así dar calidad, la calidad que nos continúan ofreciendo los profesionales de la Orquesta?: gracias a su esfuerzo y dedicación. El público sigue demandándolos, asistiendo masivamente a sus actuaciones, solidarizándose con su labor, que no solo estaba llevando la mejor música a las “élites” sino a los pueblos, barrios, colectivos de alumnos de todo tipo, logrando ocupar un lugar más que digno entre las orquestas regionales del Estado. El milagro lo hacen cada día esos que tienen un pie dentro y otro fuera de su trabajo más que digno y culturalmente necesario.
Mejoren, por tanto, los responsables de la Fundación Orquesta de Extremadura su gestión, su administración. Dinamicen su funcionamiento, que ya tenía un espacio, un público, un contenido sólido en marcha, aunque mal llevado por sus responsables de la cúspide (los que se llevan “la parte del león”).
Y a nuestro amigo Antonio Fernández recomendarle que siga animando “a los becarios”: puede formar con ellos una orquesta de iniciación, como una especie de “cantera”. Y a la Consejera de Cultura, Trinidad Nogales, que no se deje pasar a la Historia -ella que es una autoridad en arqueología romana- como la que lanzó sillares de granito contra los instrumentos musicales de nuestra orquesta más puntera, rompiendo cuerdas, teclas e instrumentos de viento y percusión, como un capitán de horda salvaje o elefante irrumpiendo en limpia y ordenada cacharrería.
MOISÉS CAYETANO ROSADO
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