Domingo, 29 abril 2012

A LA BANAL DERIVA…

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Charo Alonso


A mí que me perdone Don Mario a quien tanto quiero: a mí eso de la deriva de la cultura hacia el espectáculo y la banalidad me va de cine. Soy la típica frívola leída, y como resulta que he encontrado en mi íntima de la pérfida Albión a mi alma gemela, pues ya somos dos para frivolizar con tino, que con la que está cayendo –y no hablo de la lluvia- pues creemos ambas dos que es de lo más necesario. Cuestión de higiene mental: si uno se pone a leer las cifras del paro a comprobar que nos tocan a todos, si uno ahonda en los peligros de la prima de riesgo –según mi niña bonita se trata de su prima, siempre en riesgo de armar alguna- o en los desafueros de la Señora argentina, en las promesas incumplidas, en la caja vacía, en la estupidez imperante y en tantas cosas… pues qué quieren que les diga, o me doy a la bebida en el bar del Tabernero donde ya nada de lo que haga o diga yo sorprende a la curtida clientela, o me doy al frivoleo que es menos lesivo para las pocas neuronas que me quedan. Es decir, que me dedico a medirle el largo de la falda a Catalina de Cambridge, a relamerme con los pocos libros que vende la Obregón –en este país publican a cualquiera, coño-, a discurrir sobre prótesis de cadera y a comentar la jugada con mi íntima, quien ha decidido pasarse la flema británica por el caldero de bruja gallega. Con semejante apoyo moral no me importa ser frívola, doctores tiene la santa madre inglesa –digo, iglesia- para criticar la Reforma Laboral, glosar a Hollande frente a mi adorado Sarkozy –en cuanto le deje la Bruni por no tener la presidencia, pa mí-, quejarnos de la futura subida del IVA y demás zarandajas. No, que me vuelva a perdonar Vargas Llosa, pero reivindico la inteligencia de lo frívolo, el espectáculo de la lentejuela, la alegría de lo fácil, hasta al Vaquerizo si se tercia… para dramas ya tenemos la portada de El País, por Dios, a mí que me dejen en clave de comedia inteligente tipo El Jueves, que no sabe uno dónde poner ni los cuernos, ni los collares de marfil de la alemana esa amiga del rey. Qué quieren que les diga, cuando uno lee eso de que los presos de ETA no pueden sufrir más, o eso de que los que han saqueado las cuentas públicas ahora se quejen de la falta de dinero público… cuando uno ve que todo baja menos los sueldos y las prebendas de los políticos de uno u otro signo… pues qué quieren que les diga, que como no me puedo echar al monte, me echo al disfrute. Una será muy culta, muy leída y hasta muy literaria, sí, pero a mí que me den la educación y el fondo de armario de Guardiola… o que me dejen escuchar las diatribas futboleras de mis compañeros de trabajo que se han pasado la pelota estos días repartiendo el sufrimiento a partes iguales. No, que yo soy mou mala… mucho, por eso me inclino por los zapatos de Letizia en vez de calibrar su gesto de salvadora de la institución. Pobre muchacha, a ella no le dijeron que iba a soportar sobre esos hombros flacos las flaquezas de los demás… quién iba a pensar que al yerno perfecto le daría por jugar con los políticos al trapicheo público, quién iba a imaginarse que, en plena crisis, al rey le daría por irse de campamento al culo de África a poner cuernos digo, a cazar elefantes… ni hecho a propósito para que nos olvidáramos de los recortes, de las primas de riesgo, de los sobrinos de la Merkell y hasta de la madre que parió a los ERES andaluces (por cierto, qué guapa y elegante la jueza, espero que les meta un puro que se les quiten las ganas a todos de andar con gilipolleces con el dinero para los parados) Que sí, que soy una frívola sin remedio, señor Vargas Llosa, qué va a esperar usted de mí si cuando le conocí en el año 92 casi me caigo de espaldas ¡Qué guapo era, qué empaque, qué amable! Mirándole a los ojos casi me olvidé de que era el autor de La guerra del fin del mundo… lo dicho. Ahí estuve, manteniendo una educada conversación banal con el señor y dándole mi ejemplar de El elogio de la madrastra, ejercicio frívolo y disfrutón donde los haya. Uno no hace carrera de mí, decididamente… con la que está cayendo prefiero no tener la desfachatez de hablar del paro, que soy funcionaria. Me refugio en ese espíritu burlón que tan maravillosamente comparto con mi íntima. Decididamente nos gustan los tocados de Catalina, que para tocarnos las narices ya se las arreglan muy bien otros. Por cierto, aviso, yo no me hago una rinoplastia ni loca… que luego me confunden con Letizia, menudo trabajo, mantener la seriedad de la institución, never de never.

Charo Alonso
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