Se acusa a la Iglesia de intolerante por dogmática; pero cuando quiere flexibilizar las fronteras y las rígidas estructuras económicas del capitalismo o el liberalismo, entonces se la tacha de idealista.
Se acusa a la Iglesia de poco ecologista; pero cuando ésta defiende la naturaleza humana -la familia natural y el sexo natural- se la tacha de arcaica y moralista.
Se acusa a la Iglesia de pactar con los poderosos; pero cuando defiende al más débil -el feto- se la tacha de mojigata y de intentar retrasar el progreso.
Se acusa a la Iglesia de atentar contra la libertad del hombre; pero se la tacha de retrógrada cuando se niega a aceptar la fabricación de seres humanos.
Se acusa a la Iglesia de intolerante por defender que existe una auténtica naturaleza humana que debe respetarse; pero se la margina si no acepta el rígido código relativista que impone lo que debe tolerarse o repudiarse.
Se acusa a la Iglesia de intolerante por dogmática; pero cuando quiere flexibilizar las fronteras y las rígidas estructuras económicas del capitalismo o el liberalismo, entonces se la tacha de idealista.
Se acusa a la Iglesia de despreciar al pobre; pero cuando pretende liberarle de la opresión comunista se la tacha de embaucadora.
Se acusa a la Iglesia por basarse más en la fe que en la razón; pero se nos exige que nos creamos, sin dar razón alguna, que el gaymonio es igual que el matrimonio, o que un feto no es un ser humano.
Y es que es muy fácil ver la supuesta paja en el ojo ajeno, sin apreciar la viga en el propio.
Se acusa a la Iglesia de no preocuparse por las cuestiones sociales, por el progreso; pero se la tacha de retrógrada cuando promueve la natalidad, que es el único remedio de la actual hecatombe demográfica.
Ignoro si a aversión a la natalidad de los progresistas es simplemente por llevar la contraria a la postura de la Iglesia; o se debe a tratar de promover los anticonceptivos (el invento que más ha influido en la historia de la humanidad; y que tanta rentabilidad está proporcionando a más de una empresa); o se trata de promover el sexo sin consecuencias, para trivializarlo y extenderlo entre personas sin vínculo ni compromiso alguno; o simplemente de promover el sexo infértil: el homosexual. Pero la realidad es que esta postura está dando al traste con las posibilidades de futuro de nuestra civilización: sin nacimientos no hay personas, sin personas no hay sociedad ni civilización.
¡Y dicen que la doctrina de la Iglesia es dogmática e irracional!
De su blog
DESDE MI FE, PERO CON RAZÓN