Verá usted señor Zapatero, los recortes intensos y parcialmente necesarios que va a hacer a las compañías farmacéuticas tienen un efecto doble del que nadie está hablando. Usted debería saber que los médicos de este país se mantienen al día, aprenden nuevas técnicas quirúrgicas, nuevos procedimientos médicos, etc. gracias a la financiación de estas compañías. Un administrativo que acude a un curso, lo hace para escalar en el sistema, un médico que acude a un curso lo hace por el beneficio de sus pacientes. ¿Se va usted a hacer cargo de esto o simplemente considera un daño colateral más que la medicina española se estanque?
Nos baja usted el
sueldo a los trabajadores públicos en un
mínimo del 5% seguido de congelación. La imagen Mingotiana del
funcionario español es la de un señor bajito y de pelo graso, ocioso y al otro
lado de una ventanilla que dice "vuelva usted mañana". Fíjese bien,
el empleado público es ese médico de familia que tiene tres minutos para
solucionar cada paciente, ese cirujano que ahora mismo trabaja a corazón
abierto, el celador que empuja con mimo la camilla de un prematuro que pasa a
planta, la enfermera que lleva un analgésico a un paciente con dolor, la
auxiliar que ayuda a un anciano a ir al baño, la profesora que enseña a leer a
los adultos del mañana, el soldado en ayuda internacional, el policía que se
juega la vida en una redada antiterrorista, el bombero que entra en una casa en llamas. Nos viene
usted a meter la mano al bolsillo a los que mantenemos lo más básico de este
país, el bienestar social.
Lo más curioso de
esto es que somos el grupo que nunca nos beneficiamos de la bonanza económica
anterior, somos el grupo que pagamos impuestos con la mayor transparencia
(quizás el único), somos los que de ninguna manera hemos contribuido a la
crisis que nos ahoga y somos, por el carácter de nuestro trabajo y sin que se
nos exija más, los más solidarios.
Verá señor Zapatero,
le voy a contar lo que usted debería ya saber del sector sanitario; imagino que
será parecido para Defensa, Ministerio de Interior y el sector de la enseñanza,
pero no lo sé. Queda muy bien decir que los funcionarios son privilegiados
porque su trabajo es fijo y sus sueldos dignos. Le animo a que se pase por
cualquier hospital o centro de salud y pregunte a mano alzada cuánta gente
tiene un contrato fijo, le sorprenderá saber que una mayoría tienen contratos
absolutamente basura, de meses, semanas e incluso horas, que priman los
contratos por sustituciones, eventuales y de guardias.
Debería usted tener
en cuenta que los sueldos de las
auxiliares y los celadores no superan en mucho los mil euros y
el de las enfermeras ronda los 1.800 y que los médicos trabajan con una presión
asistencial insostenible y, a pesar de demostrar continuamente su enorme
capacidad profesional al nivel de los mejores del mundo, ganamos de media un
40% menos que muchos colegas europeos. Ahora dígame qué es lo que nos hace
dignos del privilegio de levantar nosotros solitos España, a qué debemos el
honor de su populismo barato.
Verá usted señor
Zapatero, los recortes intensos y
parcialmente necesarios que va a hacer a las compañías farmacéuticas
tienen un efecto doble del que nadie está hablando. Usted debería saber que los
médicos de este país se mantienen al día, aprenden nuevas técnicas quirúrgicas,
nuevos procedimientos médicos, etc. gracias a la financiación de estas
compañías. Un administrativo que acude a un curso, lo hace para escalar en el
sistema, un médico que acude a un curso lo hace por el beneficio de sus
pacientes. ¿Se va usted a hacer cargo de esto o simplemente considera un daño
colateral más que la medicina española se estanque?
Verá usted señor
Zapatero, yo no tengo ni idea de economía nacional pero el sentido común me
indica que donde tiene que recortar usted es en lo superfluo, en lo que no hace
falta. Antes de meterme a mí la mano en el bolsillo mire más allá de lo facilón
y recorte lo que realmente sobra, las ineficiencias y duplicidades de las
Autonomías, las subvenciones a partidos y sindicatos, los Ministerios de
competencias dudosas como el de Igualdad, las inyecciones multimillonarias de ayuda a los bancos, el exceso de
vicepresidencias, los defraudadores a hacienda, el paro
encubierto y toda la economía sumergida, la entrada incontrolada de inmigrantes
cuando la tasa de desempleo es del 20%, las subvenciones al cine, las
subvenciones a energías renovables, las ayudas al exterior o los asesores
políticos.
Y si tiene usted un
ápice de sentido común, pare usted la majadería de usar traductores en el
senado, no sólo va a traer un gasto millonario sino que nos va a convertir en
el hazmerreír del mundo. Tenemos la riqueza de varias lenguas y la ventaja de
una lengua común, no cree barreras que no existen en aras del buenismo
político.
Verá usted Señor
Zapatero, le voy a confesar algo: yo no he votado nunca en unas elecciones,
simplemente porque nunca me he sentido y nunca me sentiré representada por
ningún partido político. Usted me obliga a romper algo que considero un
principio y un derecho; usted me va a
obligar a votar en las próximas elecciones por necesidad, por
defender lo que es justo y esto va mucho más allá del 5% que yo daría gustosamente
si usted hubiera hecho las cosas de otra manera. Yo no he retornado a mi país
para observar impasible cómo la ineptitud de su gobierno lo destroza. Mi voto,
señor Zapatero, no irá a favor de nadie sino en contra de usted.
Mónica Lalanda lleva más de un año en España
tras pasar los últimos 16 años en Inglaterra, la mayoría como médico de
urgencias en Leeds (West Yorkshire). En la actualidad trabaja en la unidad de
Urgencias del Hospital General de Segovia, participa en varias publicaciones inglesas
y también ilustra libros y revistas con viñetas médicas.