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Carmelo Arribas Pérez
Jueves, 10 mayo 2012

JUAN DE ÁVALOS, MONUMENTAL, EN LA ASAMBLEA DE EXTREMADURA.

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El 21 de octubre de 1912, nacía en Mérida, el que puede considerarse sin duda alguna, su hijo más conocido e ilustre de este siglo, Juan de Ávalos. Pocas veces se encuentra uno en una dificultad semejante a la hora de escribir sobre un tema, como en esta ocasión siendo consciente de que se va a fracasar en el intento de dar una visión adecuada sobre un personaje tan poliédrico, como fue Juan de Ávalos García-Taborda, y de una altura artística que lo convierte en un referente de la escultura del siglo XX.

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El Patio Noble de la Asamblea de Extremadura, reúne solamente hasta finales de mayo, una exposición de diversas obras, y proyectos escultóricos de este hombre, que  según sus biógrafos, nace en una casa de la Calle Castelar, cercana al Puente Romano y a la Pza. España, hoy ya desaparecida. Su vocación escultórica nace prematuramente y en su infancia emeritense, el  interés por el arte le lleva a intentar reproducir las piezas romanas que las excavaciones estaban sacando, tras siglos, nuevamente a la luz, y a copiar estatuas religiosas. Su vida se ve truncada por la ceguera del padre, lo que les impulsa a marcharse a Madrid. Tenía Juan en ese momento ocho años. Tras los intentos frustrados del padre para que aprenda alguna carrera que le dé seguridad económica, acabaría trabajando en un taller de restauración de muebles y antigüedades.

Sin duda el ambiente de recortes y austeridad, ha sido una de las causas para que no se tomara más en cuenta el Centenario del nacimiento de este emeritense,  el personaje extremeño más universal de este pasado siglo, y cuya vida está llena de contrastes,  e incomprensiones. No es este momento el más adecuado para pedir que se comience un Museo de Juan de Ávalos, que recoja dignamente su obra, pero sí el de comenzar a dar unos pasos firmes en esa idea que lleva desde hace muchos años fraguándose, quizás  no excesivamente acogida, con el interés debido, por ciertos grupos políticos, debido a su errónea adscripción ideológica y a un personaje, consecuencia de haber sido “el escultor” de las monumentales estatuas del Valle de los Caídos . Sin embargo sí sufrió la depuración en la dictadura, e incluso estuvo a punto de ser fusilado como cuenta él mismo: "Cuando estalló el glorioso meneo, la Guerra Civil, yo era funcionario de la República, tenía 25 años. Al entrar las fuerzas nacionales, el excavador del peristilo de Mérida a quien ayudaba sin cobrar, me denuncia al general Yagüe. Denuncia mis paseos con Unamuno, mi amistad con Ortega. Me llevan al Casino y allí me encuentro con personas honorabilísimas a las que están rapando y obligándoles a beber aceite de ricino. Los tímidos somos muy agresivos... Me enfrenté y al alboroto acudió el cura párroco de Santa Eulalia, quien aseguró que era una persona decente. Me salvó la vida porque después de la rapada y el aceite los fusilaron a todos".

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En el 1931 termina exitosamente sus estudios. Pero la situación económica de su familia no le permite hacer efectiva la beca para ir a ampliarlos en la Academia Española de Roma, que le ofrece la Diputación, ante los premios ya conseguidos. Vuelve a Mérida y obtiene una plaza de profesor en la recién inaugurada Escuela de Artes y Oficios. Aquí se vuelca en la recuperación de los restos romanos. Colabora en la restauración del Peristilo y la escena del Teatro y es nombrado "Adjunto al director de excavaciones", Floriano Cumbreño. Entre sus hallazgos se encuentra la conocida "Cabeza velada de Augusto" encontrada en el Aula Sacra del Peristilo. Su actividad intelectual y artística en el mundo que rodea la arqueología, es imparable, no es extraño que en 1936 la Dirección General de Bellas Artes, le nombrara Subdirector del Museo Arqueológico de Mérida y que la Universidad de Sevilla piense en él como Director de la Escuela de Bellas Artes. Pero ya ha comenzado la Guerra Civil, y Juan de Ávalos, tras salvarse de ser fusilado, es incorporado al ejército y destinado a Andalucía, cae herido en Jaén y es hospitalizado en Córdoba, donde trabaja como delineante para la Constructora Nacional de Maquinaria eléctrica, en el diseño de motores, sin dejar de hacer tallas religiosas "alimenticias", aspecto que perdurará años, hasta su salida al extranjero, cuando comienza a preocuparse más por aspectos figurativos más "artísticos".

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Pero por su colaboración en las excavaciones de Mérida durante el mandato Republicano, le incoan un expediente de depuración que derivará en una resolución en el BOE de 27 de julio de 1927, por el que se le inhabilita en el ejercicio de cargos directivos en instituciones culturales y de enseñanza: "Según la orden firmada por el ministro de Educación Nacional señor Ibáñez Martín, don Juan de Ávalos García-Taborda queda depurado por falta de confianza al no ser afecto al régimen".

Posiblemente el haber tenido el carnet nº 7 del PSOE de Mérida, debió de haber influido también en tal decisión, pese haber sido incorporado a filas en el Ejército Nacional de Franco, y haber sido herido en la contienda.
"Esa depuración me obliga a marcharme de España en 1944, harto de hacer santos baratitos garantizando los milagros y de pintar retratos de señoras a cambio de una miseria. Me exilio a Portugal sin que me permitan llevarme mi obra allí. Sólo pude sacar, escondido bajo el asiento del Lusitana Expres, un busto que le hice a Manolete cuando vivíamos en la misma fonda y toreaba con trajes prestados."

"Volví a Madrid en 1950 con una Exposición Nacional en la que presenté el "Héroe muerto". Don Paco visitó la muestra como si se tratara de una revista militar y se paró ante mi estatua diciendo ‘Este es el gran escultor que necesita España”. Esto hace que le pidan que presente unos bocetos para el proyecto del Valle de los Caídos. Son aceptados y se le encarga la obra escultórica exterior, que comprendería las Cuatro Virtudes, los Cuatro Evangelistas y la Piedad que se encuentra a la entrada.

Parte de esta obra puede verse en el Patio Noble de la Asamblea. Incluso los bocetos iniciales que luego fueron reformados. Como “La Justicia”.

Son 34 piezas, incluida, “Los amantes de Teruel” que no le fueron pagados, y que cualquier visitante de tan bella ciudad, puede contemplar en mármol. Esta visita puede ampliarse a otras piezas que se encuentran en el Patio exterior y que  ya estuvieron expuestas en el Centro Cultual Alcazaba, como “Leda y el Cisne”. Todo esto hace imprescindible una visita, la muestra  es un disfrute para los amantes del arte y una inyección de orgullo y satisfacción personal por ver que hemos tenido uno de los más grandes escultores de este pasado siglo y hora es ya de que lo reconozcamos. ¿Se imaginan todo lo que hubieran alardeado si hubiera nacido en una de esas autonomías que se llaman a sí mismas “históricas”? Sí, ¿verdad? No hace falta tener mucha imaginación.

Carmelo Arribas Pérez

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