Miércoles, 30 mayo 2012

JOSE MARIA DE CALATRAVA, ESE GRAN DESCONOCIDO

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Carmelo Arribas

Con motivo de la conmemoración de “La Pepa”, la Constitución española de 1812, quise conocer algo más de uno de los padres de la misma, el emeritense José María de Calatrava, y cuya importancia política llena un período, convulso, trascendental y lleno de contrastes, de nuestra Historia española. No dejó de sorprenderme que pese a su importancia, existiera tan escasa bibliografía, y que incluso, en esta, se repitieran los mismos y no muy abundantes datos, como si el “cortar y pegar”, ya hubiera sido costumbre habitual en los dos siglos que nos han precedido, pero sobre todo me demuestra el escaso interés que ha suscitado este personaje entre los investigadores.Tampoco la brevedad, que aconseja este reportaje, permite mayores profundidades.

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 No dejó de sorprenderme que pese a su importancia, existiera tan escasa bibliografía, y que incluso, en esta, se repitieran los mismos y no muy abundantes datos, como si el “cortar y pegar”, ya hubiera sido costumbre habitual en los dos siglos que nos han precedido, pero sobre todo me demuestra el escaso interés que ha suscitado este personaje entre los investigadores.Tampoco la brevedad, que aconseja este reportaje, permite mayores profundidades.Comienza este desconocimiento biográfico en general desde su mismo apellido. Si ustedes escriben en internet José María Calatrava Martínez, se encontrarán con el primer error, ya que  aunque  aparece con este nombre en la “Wikipedia”,  su nombre era el de; José María Calatrava  Peinado. Como corresponde al apellido de su padre,  José Antonio Calatrava  y Cortés nacido en los Santos de Maimona, escribano del Ayuntamiento de Mérida y de la emeritense María  Peinado  y Gómez de la Rosa, (Vicente Navarro del Castillo,  la llama María García Peinado y Gómez de la Rosa) aunque su familia provenía de Granada.


La vivienda familiar estuvo en la calle Santa Eulalia, en el número 21, edificio ya desaparecido, ocupando su lugar  en la actualidad  un inmueble de moderna construcción y diseño.

Nacido en 1781, comenzó sus estudios en Mérida,  y a los doce años, cuando ya había cursado los estudios básicos de gramática, su padre pensó en que debía ampliarlos. Sin especial interés porque siguiera la carrera eclesiástica, pero con dificultades económicas para continuar su formación, solicitó una beca de “colegial porcionista” al obispado, que le fue concedida. Entró en el seminario de S. Atón  en el 1793. Allí estudiaría filosofía y otras materias. Pero la idea paterna era que estudiara leyes así es que, se salió del seminario, y en mayo de 1799, con 19 años, se graduó en leyes en la Universidad de Sevilla. Al año siguiente 1800, entró como comisionado de Consolidación de Mérida, asunto que tenía que ver con las cuestiones contables y financieras  de las rentas públicas. Tres años más tarde sería ascendido a oficial mayor de la Comisión Principal de Consolidación de Badajoz, ciudad a la que se trasladaría. Cuatro meses después de este traslado se casaría con su prima María de la Paz, para lo que tuvo que pedir las debidas dispensas para hacerlo. Pero su carácter  serio y austero, que aplicó a las finanzas,  lo convertirían en 1805, en oficial de la Contaduría Principal de Propios de Extremadura.  Pero su matrimonio le había aportado abundantes ingresos, sobre todo tras ganarle a su suegro, José Montero de Espinosa, capitán de milicias urbanas,  un pleito respecto a las rentas familiares,  por lo que se pudo permitir el cesar en el cargo.


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Sin embargo los acontecimientos de mayo de 1808, cambiarían totalmente su vida y persona, que adquiriría un protagonismo especial en todos los cambios políticos que se produjeron en España, prácticamente hasta su muerte, a pesar de que su salud quedó muy dañada a raíz del encarcelamiento ordenado con alevosía y nocturnidad, por el rey Fernando VII, que dio con sus huesos en Melilla desde mediados de diciembre de 1815 hasta la sublevación de Riego. Durante este período, se le adjudicó, con razón o sin ella, su implicación, en febrero de 1816, en la Conspiración del Triángulo, cuyo fin era secuestrar y asesinar a Fernando VII, para implantar nuevamente la Constitución.


LA DIFÍCIL  EXISTENCIA DE UN LUCHADOR


Tras la entrada de Napoleón en España, se establecen  las Juntas de Gobierno en muchas regiones. José María Calatrava entra a formar parte de la de Extremadura, como vocal. En 1809, cuando se transformó en Junta Gobernativa,  que se integraba en la Junta Suprema Gubernativa del Reino, que se ubicaba en Cádiz,  no sólo siguió de vocal sino de procurador síndico, y en 1810 de la fiscalía del Tribunal de Seguridad pública de Extremadura, y con la reinstauración de la Audiencia de Cáceres, de la fiscalía de asuntos pendientes de la Sala del Crimen. Era evidente que aunque hubiera podido vivir sin problemas,  su voluntad política le llevaba a implicarse cada vez más, lo que le era reconocido, otorgándole cada vez mayores responsabilidades. En septiembre, de ese mismo año es elegido diputado suplente por Extremadura para las Cortes extraordinarias reunidas en Cádiz. Su valía personal le hizo actuar con frecuencia como secretario de las mismas, mientras se afianzaba su ideología liberal.


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En diciembre de 1813, volvería aquel nefasto rey que fue llamado el “Deseado”, pero que acabó denominándosele el “rey felón”. Y no sin razón. Desterrado Napoleón en la isla de Santa Helena, publicó las cartas que le había enviado. Mientras en España los españoles combatían para devolver al rey su trono y la libertad al pueblo, Fernando creyendo en la imbatibilidad del francés, quiso aliarse con él como demuestran las cartas que el mismo Napoleón publicó en el periódico Le Moniteur, para que todos, en especial los españoles, vieran su actuación. Lejos de humillarse por ello, el indigno rey le agradeció que reconociera el afecto que le profesaba.


"No cesaba Fernando de pedirme una esposa de mi elección: me escribía espontáneamente para cumplimentarme siempre que yo conseguía alguna victoria; expidió proclamas a los españoles para que se sometiesen, y reconoció a José, lo que quizás se habrá considerado hijo de la fuerza, sin serlo; pero además me pidió su gran banda, me ofreció a su hermano don Carlos para mandar los regimientos españoles que iban a Rusia, cosas todas que de ningún modo tenía precisión de hacer. En fin, me instó vivamente para que le dejase ir a mi Corte de París, y si yo no me presté a un espectáculo que hubiera llamado la atención de Europa, probando de esta manera toda la estabilidad de mi poder, fue porque la gravedad de las circunstancias me llamaba fuera del Imperio y mis frecuentes ausencias de la capital no me proporcionaban ocasión".


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Era evidente que los tiempos habían cambiado, pero muchos diputados y el mismo rey no querían reconocer esta situación. Así el 12 de abril de 1814, sesenta y nueve diputados encabezados por Bernardo Mozo Corrales, le entregan a Fernando VII, el Manifiesto de los Persas por el que le piden la anulación de la Constitución de 1812 y la vuelta al Antiguo régimen, como monarca absoluto. ¿Porqué este nombre del Manifiesto? No era casual esta denominación que escondía un simbolismo envenenado. Se decía que los antiguos persas  tenían por costumbre cinco días de anarquía tras la muerte del rey y antes de la entronización del nuevo. Y ellos identificaban esta anarquía con el liberalismo, y a la Constitución con la Revolución francesa. Por lo que con la vuelta al Antiguo régimen se volvía, nuevamente, al orden y a la tradición española. Ante estos apoyos, el 4 de mayo el rey restableció el Absolutismo y con él la persecución de quien opinara que la soberanía real se apoyaba en el poder popular.


Con la vuelta de Fernando VII, Calatrava abandona su actividad política, vuelve a reincorporarse como abogado de los Reales Consejos, y solicita en febrero de 1814, su admisión al Colegio de  Abogados de Madrid. Pero es acusado de traición, juntamente con otros diputados liberales que formaron parte de las Cortes de Cádiz, acusados de haber utilizado a alborotadores contra los diputados tradicionalistas y manipulando las votaciones. Además le acusan de actuar contra el extremeño obispo de Orense, también diputado en Cádiz. El artículo sexto del  Decreto promovido en estas Cortes establecía el juramento que debía prestar el Supremo Consejo de Regencia. Cuatro de sus cinco miembros, lo apoyaron menos el presidente, el anciano Pedro Quevedo y Quintano, natural de Villanueva del Fresno y obispo de Orense, que se excusó  poniendo como disculpa lo delicado de su salud y lo intempestivo de la hora, ya que era cerca de medianoche. Dos días después  renunció al acta de diputado, la sustitución recayó tras diversas disputas, en  José María Calatrava. Con ello las Cortes  ganaban, por una parte, a un inteligente liberal y por otra a un eminente jurista.


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Sus conocimientos jurídicos, pusieron en apuro a la comisión de jueces nombrada por el rey, provocando incluso la renuncia a su nombramiento de de algunos de los jueces de policía. La causa se estaba dilatando demasiado para disgusto de Fernando VII,  así es, que él mismo tomó la decisión de condenarlos, saltándose toda legalidad, y enviarlos lo más lejos posible de Madrid. “Sin que lo sepan los presos y cuando ya esté todo pronto se vayan a sus cuartos, se les haga vestir, y se les meta en el carruaje dispuesto, proporcionándose de tal modo que salgan todos a una misma hora cuando esté Madrid más en silencio para que cuando amanezca se encuentre el pueblo con esta novedad. Esta rubricado de la real mano”. Así se lo hizo llegar al capitán general de Madrid, para que lo cumpliera.


De los 200 diputados que compusieron las Cortes de Cádiz,  128 fueron imputados, pero sólo 17 fueron presos. A Calatrava se le condenó a 8 años. Fueron enviados al duro penal de Melilla. Allí se encontraría con su amigo, el periodista Francisco Sánchez Barbero,  redactor en Cádiz del “Conciso” y más tarde fundador en Madrid del periódico “El Ciudadano Constitucional”. Él no pudo soportar la dureza del encierro y murió. José Mª Calatrava, arrastraría durante el resto de su vida una precaria salud, como consecuencia de los sufrimientos carcelarios.


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El pronunciamiento del general liberal Rafael Riego, en Cabezas de San Juan, asustó  al rey y se dispuso a jurar la Constitución de 1812, el 9 de marzo de 1920, afirmando; “Marchemos todos y yo el primero por la senda de la Constitución”.


Comenzó el llamado Trienio Liberal (1820-23). José María Calatrava fue rehabilitado y obtuvo la plaza de magistrado del Tribunal Supremo de Gracia y Justicia. Diputado por Extremadura,  es nombrado presidente del Congreso. Y ocupó la cartera de Secretario de Estado de Gobernación de la Península y de Secretario de Estado de Gracia y Justicia.


No duraría mucho esta situación. Fernando VII, solicita ayuda a Francia para imponer nuevamente la monarquía absoluta, y el Duque de Angulema con los Cien Mil hijos de San Luis , ( fueron treinta mil hombres armados) vuelven nuevamente a deponer el Constitucionalismo.


Esta vez, los liberales no esperan a ser detenidos  y optan por el exilio. José María Calatrava se irá a la cercana Portugal, pero las presiones del monarca, hacen que dejando en esta nación a su familia, huya a Londres en donde ya hay un nutrido número de españoles liberales que subsisten, económicamente, como pueden. El barrio elegido por los exiliados fue el de Somers Town. Allí la colonia española montaba sus negocios, para sobrevivir, como;  el profesor de griego, el valenciano Vicente Salvá, que puso una librería española, o Marcelino Calero, que además de una imprenta, creó una fábrica de chocolate y patentó un sistema de cubos y ejes perpetuos para los carruajes, el juez Tomás Navarro, que inventó unos procedimiento para conservar los tomates, o el general Quiroga unos polvos para limpiarse los dientes,  y hasta el mismo Calatrava tuvo que desempeñar diversos trabajos y oficios manuales, mientras escribía poesía hacía traducciones del inglés y escribía una Gramática castellana, que no llegó a concluir. Jueces e intelectuales, exiliados, compartían sus ideas, dividiéndose entre moderados y radicales, a los últimos pertenecía Calatrava. Grandes nombres de la cultura y la política; José de Espronceda, Antonio Alcalá Galiano, Agustín Argüelles, Juan Álvarez Mendizábal y un largo etcétera,  se encontraban en esos momentos poblando el barrio londinense.


LA VUELTA

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Fernando VII fallece en septiembre de 1833. Con la regencia de María Cristina, se produce la amnistía de los exiliados. Calatrava, vuelve y en 1834, es nombrado ministro de las dos Salas de España en el Tribunal Supremo, la de España y la de las Indias. La guerra civil entre Carlistas partidarios de Carlos María Isidro, absolutistas, e Isabelinos, partidarios de una política liberal y de la hija de Fernando VII, Isabel II, comenzó nada más morir el rey. Las primeras medidas que adoptó Calatrava, fue la persecución de los que apoyaban a los Carlistas. Diversos levantamientos militares, como el de la Granja, le llevaron a aceptar nuevas responsabilidades como el de ministro de Estado, que implicaba la Presidencia del Consejo de Ministros y las relaciones internacionales. El apoyo de la Guardia nacional, hizo que hubiera un período de tiempo de relativa estabilidad, en el que se abordaron importantes reformas como; La libertad de prensa, la eliminación de la censura, la reforma de la ley electoral que permitía votar a más gente,  y medidas para sanear la economía entre  las que su amigo y ministro Mendizábal puso en marcha la desamortización de los bienes de la Iglesia, con resultado más que dudoso. Pero sin duda su gran aportación fue la elaboración de la segunda Constitución española, aprobada el 1 de julio de 1937 y sancionada por la reina regente el 18 de julio. Sin embargo, los liberales moderados reaccionaron en contra de la misma, provocando que Calatrava presentara su dimisión en agosto.


El presidio en Melilla había minado su salud de modo grave, así es que con 56 años, solicitó que se le concediera una pensión como secretario cesante, lo que consiguió en octubre.


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Pero volvió en diciembre a presentarse por Albacete para el Senado siendo elegido.  Al celebrarse en septiembre de 1839, elecciones para el Congreso se presentó por dos circunscripciones, Castellón y Madrid, siendo elegido en las dos, pero renunció a la de Castellón entre otras cosas porque en Madrid, con un censo de 12.544 personas, de las que votaron 3983, el sacó 3.073 votos.


Nuevamente se le encargó la presidencia de la Cámara. Pero antes de acabar el año se disolvieron las Cortes. En las elecciones que se convocaron en 1840 volvió a salir elegido diputado por Madrid. Pero volvió a dimitir para presidir el Tribunal Supremo.


Cuando por la presión de los moderados encabezados por Ramón María Narváez, que venció a los ejércitos del regente general Espartero en Torrejón de Ardoz, tras lo que es ascendido a Teniente general, cae Espartero,  Calatrava es cesado fulminantemente. No sufrió depuración, sino que solicitando el reconocimiento de una pensión de jubilación por sus servicios en la función pública, le fue reconocida y se retiró de toda actividad pública. Falleció el 16 de enero de 1846, poco antes de cumplir 65 años. Sus restos mortales descansaron en el Panteón de hombres Ilustres en el cementerio de Madrid, junto a las de Argüelles, y Mendizábal.


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La larga lista de aportaciones en la creación de la Constitución de 1812, de José María Calatrava, que nos aporta el libro de Román Gómez Villafranca, “Extremadura en la guerra de la Independencia”, nos da idea de la actividad intelectual de este político que sufrió en propias carnes uno de los períodos más trascendentales e inestables de nuestra reciente Historia, la del paso del Antiguo Régimen al nuevo,  embrión de la democracia que ahora tenemos.


Dada la carencia de bibliografía ha sido muy importante el estudio que sobre su antepasado ha realizado Fernando Calatrava, cuya información me ha sido imprescindible.


Carmelo Arribas Pérez

 

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2 Comentarios
Celia
Fecha: Jueves, 10 abril 2014 a las 19:54
Muy interesante biografía la de José María Calatrava. Excelente personaje!
Sebastia Sardiné T.
Fecha: Jueves, 10 abril 2014 a las 15:28
JO tambien he descubierto y escrito la biografia de otro gran desconocido en Catalunya, RAMON FREDERIC DE VILANA PERLES CAMARASA, marques de Rialw www.vilanaperles.cat texto: JO, VILANA PERLES, de Pages Editors. Personaje conocido por los historiadores pero oculto a la historia. Entre todos, llegaremos a conocer la historia. He visto la noticia de Pedro J Ramirez y he buscado en Internet esta gran figura, jurista, como Vilana Perles, el ultimo Protonotario de la Corona de Aragon, secretario de Estado y de despacho Universal aqui i en Viena . Guerra de Sucesion (Vilana : Oliana-leida 1663, Viena 1741)
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