El
acabose. Tienen que venir andaluces y castellano-leoneses a decirnos a ver qué
pasa, hombre, cómo tenéis así vuestro Camino de Santiago. Y menos mal que
Turismo (Santos,
Álvaro Arias), de la Diputación (Laureano León), ofreció su casa para que nos reuniéramos allí
con los citados. Vino el Director General de Turismo de la Junta de
Castilla-León, Manuel Peña, dos astorganos que sabían infinito del Camino, dos
salmantinos de Fuenterroble, los alcaldes
del Casar y de Aldeanueva del Camino, Juan Ramos Plaza que es presidente
nacional de la Asociación de Amigos de los Caminos de Santiago y presidente de
Sevilla, qué se yo…y allí el representante de Alba Plata, Juan Gil, Leticia
Puerta, que recién se asoma a esto, y un servidor.
Por los clavos de Cristo cómo está el panorama. Aquí se ignora absolutamente lo que está pasando con el Camino Mozárabe de Santiago, la Vía de la Plata, que va encima, al lado o confundida con la Calzada Romana. Oímos cosas que nos dejaron anonadados. Qué afición, qué devoción, las que tienen por ahí y qué desgana y desidia la de esta Extremadura desesperante, que no se entera de lo que está pasando. ¿Pero cómo es posible?
Estamos en la médula espinal del Camino Mozárabe, pero maldito el caso. Se tienen que preocupar los vecinos del sur y los del norte por el estado lamentable del trazado del Camino por esta comunidad autónoma, (¡otra pamplina!), región y va que vuela. Nos dijeron que ya quisieran los del Camino Francés, el del norte, tener una carretera romana con dos mil años de antigüedad como la que tenemos aquí y no cualquier vereda de allá arriba. Sin embargo, el Camino Francés tiene un tránsito enorme y aquí, a pesar de los pesares y la ignorancia, cada año aumenta el número de peregrinos.
¡Qué tengan que venir a decirnos lo que pasa! ¡Vamos a ver! ¿Pero cómo es posible que cuando llegan aquí los peregrinos no se encuentren más que dificultades? ¡Por las barbas del Profeta! Lo de la finca esa, que han cortado cerca de Galisteo, clama al cielo y, encima, le dan la razón judicial al dueño, al que no le deseamos ningún mal, hombre; pero unos caminantes pasando por allí, ¿le molestan? Bueno, nada, sigamos con la venda en los ojos…”Oigo, Patria, tu aflicción…”. SCM