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José Luis Arellano Herrera
Miércoles, 20 junio 2012

LIBERTAD DE EXPRESIÓN

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Hace dos o tres días me paró en la calle un señor que yo desconocía y con el que nunca había hablado y lo hizo simplemente para felicitarme, por unos artículos míos de opinión titulados LOS  FRUTOS  DE  LA  CRISIS  y  EN  DEMOCRACIA TODOS SOMOS IGUALES, que decía haber leído y que le habían gustado mucho, por como decía las cosas que en él expresaba, sin rebuscamientos, sin tapujos, con la verdad por delante, con argumentos nacidos del sentido común, con  toda la libertad de expresión  del  mundo,  pero  sin  ofensas  y sin insultos para nadie,  y abundaba diciéndome, que este tipo de prensa es el que más le gusta leer, ya que se entera de las cosas, sin hacerle pensar demasiado, considerando  y  reconociendo  al mismo tiempo, en que una cosa es la literatura exquisita y bien hecha, como obra que debe perdurar en el futuro y otra muy distinta, es la opinión escrita generalizada, cruda, real, sencilla de lo cotidiano y desnuda tal cual.

 

 

Siguiendo la conversación, también me hizo referencia a la vergüenza ajena que padece, con otros  medios  de  difusión local nacidos en Mérida, no hace mucho tiempo  y escritos con fondos  del  erario público, en los que se  utiliza la mal llamada “Libertad de expresión”  a  su  manera  y  la  “Independencia mediática del medio”, para refugiarse  utilizando  el  insulto,  la mentira, el fraude  y hasta para el subterfugio con ciudadanos; que ni lo esperan, ni lo merecen, ni lo denuncian debidamente por evitar el escándalo al que “no  están  acostumbrados”, con lo cual  estamos como antaño, dando una situación de crispación en la ciudad, que dista mucho de lo que realmente deberían significar los tópicos democráticos, la tranquilidad, la tolerancia y el respeto mutuo al prójimo.

 

 

Cuántas veces hemos escuchado desde que estamos en Democracia, eso de que “nuestra libertad termina, donde empieza la de los demás”, pero se ve que muchos políticos, aún siendo para ellos  la asignatura más importarte, no saben interpretar esos términos de “empezar  y  terminar”;  y  por  esa razón  sería interesante, que en las escuelas y desde muy pequeñitos, empezaran  a  enseñarles  esos  principios  y  esos  matices  a  los escolares, aparte de enterrar el insolente y descortés “tuteo” al que hoy nos tienen acostumbrados los jóvenes de forma generalizada y probablemente el siglo que viene,  podrán vivir los que estén, un mundo verdaderamente libre, independiente y democrático; porque desde luego, lo que no se puede hacer es amedrentar y amordazar a la gente con el respaldo de ciertos poderes  mediáticos,  pero  sobre  todo  con  la  permisividad  y el consentimiento autorizado del  Ministerio Fiscal, que como su propio  nombre  indica,  debería  ser quien se preocupara de controlar esas actitudes, en lugar de dar la callada por respuesta.

 

 

Desde  siempre  hemos pensado -sin entrar a valorar al tercer poder, porque no es nuestra intención-,  que fiscalizar, era la acción que se preocupaba de encontrar rastros en la delincuencia, controlar  lo ilícito, perseguir  la prevaricación, la trasgresión, la culpa, la infracción, la violación, el insulto desmedido, el soborno, la ofensa, el desacato, el menosprecio, etc., etc., sin que nadie tenga que denunciarla previamente.  

 

           

La fiscalía es una función pública y cuando digo pública, digo pagada con el dinero de todos  los  españoles, que  debe perseguir y controlar por iniciativa propia, todo aquello que vaya en contra de la legalidad vigente, la licitud, el decoro, el bienestar, la armonía y la tranquilidad de los españoles y no esperar para actuar en consecuencia, la denuncia personalizada de nadie.

 

 

Por  otro  lado,  tampoco podemos presumir de “prensa Independiente” a bombo y platillo, cuando  estamos  coartando  y  amordazando  la  libre  expresión de ciudadanos demócratas, que tienen  algo limpio que decir, sino  dicen  más  que la verdad -aunque a alguien siempre molestan-, y  porque  tampoco  de  esta  manera  estamos en sintonía con nuestros principios, ni con los principios básicos de la democracia.

 

 

Entendemos que los medios de difusión se deben a grupos financieros, políticos, religiosos  o de otro orden y que cada uno de ellos, actúa en función de sus intereses, pero cuando hablamos de INDEPENDENCIA con  mayúsculas,  debemos  mantener ese principio contra  viento y marea;  para no seguir  dando  otra  impresión  distinta  de  la que se pretende.  Así es como yo lo veo y así es, como lo ve la gente, por eso hay que decir  las  cosas  claras y al pan, pan y al vino, pues eso.

                                              

                                                           JOSÉ  LUÍS  ARELLANO  HERRERA

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