
Hace dos o tres días me paró en la calle un señor que yo desconocía y con el que nunca había hablado y lo hizo simplemente para felicitarme, por unos artículos míos de opinión titulados LOS FRUTOS DE LA CRISIS y EN DEMOCRACIA TODOS SOMOS IGUALES, que decía haber leído y que le habían gustado mucho, por como decía las cosas que en él expresaba, sin rebuscamientos, sin tapujos, con la verdad por delante, con argumentos nacidos del sentido común, con toda la libertad de expresión del mundo, pero sin ofensas y sin insultos para nadie…, y abundaba diciéndome, que este tipo de prensa es el que más le gusta leer, ya que se entera de las cosas, sin hacerle pensar demasiado, considerando y reconociendo al mismo tiempo, en que una cosa es la literatura exquisita y bien hecha, como obra que debe perdurar en el futuro y otra muy distinta, es la opinión escrita generalizada, cruda, real, sencilla de lo cotidiano y desnuda tal cual.
Siguiendo la conversación, también me hizo referencia a la vergüenza ajena que padece, con otros medios de difusión local nacidos en Mérida, no hace mucho tiempo y escritos con fondos del erario público, en los que se utiliza la mal llamada “Libertad de expresión” a su manera y la “Independencia mediática del medio”, para refugiarse utilizando el insulto, la mentira, el fraude y hasta para el subterfugio con ciudadanos; que ni lo esperan, ni lo merecen, ni lo denuncian debidamente por evitar el escándalo al que “no están acostumbrados”, con lo cual estamos como antaño, dando una situación de crispación en la ciudad, que dista mucho de lo que realmente deberían significar los tópicos democráticos, la tranquilidad, la tolerancia y el respeto mutuo al prójimo.
Cuántas veces hemos escuchado desde que estamos en Democracia, eso de que “nuestra libertad termina, donde empieza la de los demás”, pero se ve que muchos políticos, aún siendo para ellos la asignatura más importarte, no saben interpretar esos términos de “empezar y terminar”; y por esa razón sería interesante, que en las escuelas y desde muy pequeñitos, empezaran a enseñarles esos principios y esos matices a los escolares, aparte de enterrar el insolente y descortés “tuteo” al que hoy nos tienen acostumbrados los jóvenes de forma generalizada y probablemente el siglo que viene, podrán vivir los que estén, un mundo verdaderamente libre, independiente y democrático; porque desde luego, lo que no se puede hacer es amedrentar y amordazar a la gente con el respaldo de ciertos poderes mediáticos, pero sobre todo con la permisividad y el consentimiento autorizado del Ministerio Fiscal, que como su propio nombre indica, debería ser quien se preocupara de controlar esas actitudes, en lugar de dar la callada por respuesta.
Desde siempre hemos pensado -sin entrar a valorar al tercer poder, porque no es nuestra intención-, que fiscalizar, era la acción que se preocupaba de encontrar rastros en la delincuencia, controlar lo ilícito, perseguir la prevaricación, la trasgresión, la culpa, la infracción, la violación, el insulto desmedido, el soborno, la ofensa, el desacato, el menosprecio, etc., etc., sin que nadie tenga que denunciarla previamente.
La fiscalía es una función pública y cuando digo pública, digo pagada con el dinero de todos los españoles…, que debe perseguir y controlar por iniciativa propia, todo aquello que vaya en contra de la legalidad vigente, la licitud, el decoro, el bienestar, la armonía y la tranquilidad de los españoles y no esperar para actuar en consecuencia, la denuncia personalizada de nadie.
Por otro lado, tampoco podemos presumir de “prensa Independiente” a bombo y platillo, cuando estamos coartando y amordazando la libre expresión de ciudadanos demócratas, que tienen algo limpio que decir…, sino dicen más que la verdad -aunque a alguien siempre molestan-, y porque tampoco de esta manera estamos en sintonía con nuestros principios, ni con los principios básicos de la democracia.
Entendemos que los medios de difusión se deben a grupos financieros, políticos, religiosos o de otro orden y que cada uno de ellos, actúa en función de sus intereses, pero cuando hablamos de INDEPENDENCIA con mayúsculas, debemos mantener ese principio contra viento y marea; para no seguir dando otra impresión distinta de la que se pretende. Así es como yo lo veo y así es, como lo ve la gente, por eso hay que decir las cosas claras y al pan, pan y al vino…, pues eso.
JOSÉ LUÍS ARELLANO HERRERA