Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Moisés Cayetano Rosado
Miércoles, 20 junio 2012

CRITERIOS DE AUTORIDAD ACADÉMICA Y BURDA DESCALIFICACIÓN

Marcar como favorita Enviar por email

Antes se decía: “Usted no sabe con quién está hablando”, y el concejal pongamos de… Cuenca se quedaba tan pancho, ante el aturdimiento del interlocutor. Ahora algunos dicen: “Es que el que sabe soy yo, que para eso tengo acreditada mi valía con el consiguiente título académico”; algo así como el soldado al que el valor no ya “se le supone” sino que se le reconoce, porque el pobre topó con el enemigo y se llevó la consiguiente cuchillada… y la medalla.

Y es que lo de los títulos a veces son una “cuchillada” que te llevas de tanto repasar libretos, algunos de los cuales tienen el filo restallando de herrumbre, de tanto repetir errores copiados.

Viene esto a cuento de una discusión a varias bandas en la que el arquitecto adjudicatario de la rehabilitación controvertida del Fuerte de San Cristóbal de Badajoz se defiende exhibiendo el “notable alto” (creo recordar) de su carrera, y apostillando que “para operar te piden el título de cirujano”. ¡Eureka!,  y para realizar y dirigir el proyecto de rehabilitación monumental el de arquitecto, intuyo que quiere sagazmente decir. Pero no es esa la cuestión.

En efecto, el que “opera” es el cirujano; el que dirige la obra, el arquitecto, y el que pone las calificaciones en el centro educativo, el profesor, etc. Pero de ahí a negar la participación del “cliente”, del ciudadano, lleva a la frase de un famoso profesor de instituto extremeño de hace unos años: “Profesor habla, alumno escucha”.

Y no es eso, al menos en democracia participativa y en buena lógica. Así, por estas cosas del destino, yo he sido testigo más que directo de la opinión de tres altos especialistas (y cirujanos) médicos: con respecto a un mismo mal y paciente, uno quería efectuar una operación “abierta”, otro mantenía firmemente que lo mejor era con técnica de mínima invasión, y el último, que aplicaría únicamente medicamentos… de “eficacia probada”.

También en enseñanza y orientación educativa -que ha sido mi lucha profesional de 40 años- hemos disentido los docentes muchas veces ante un mismo alumno: enfoque a la universidad, a estudios profesionales manuales o al mundo del trabajo. Y compañeros míos arquitectos han llegado casi a las manos por el modelo a seguir en una actuación profesional no ya ante un monumento, sino ante un complejo de viviendas adosadas.

Sí, ellos (los médicos-cirujanos, los profesores, los arquitectos -todos titulados, con notable, o más o menos-) son los que tienen que “operar”. Pero el cliente puede y debe opinar. A veces, además, es el que tiene la última palabra. El que decide. Como el albañil es el que pone los ladrillos, pero le decimos si los queremos rojos, blancos, lucidos o por lucir, en arco u horizontales. Como el auxiliar de clínica es el que te inclina la cama, pero tú le dices cómo te ves más cómodo. Y como el conserje del Instituto el que te hace las fotocopias, pero tú puedes realizar algunos apuntes a mano. En fin, ¡así cito dos escalones profesionales, con un mismo cliente!

Y en este tema que se me va quedando atrás, entre disquisiciones y rodeos, pues con más razón. El ciudadano es -porque la Ley de Patrimonio así lo indica en su Preámbulo- el que ha de disfrutar y contemplar las obras, sentirse cómodo con ellas. Y el que debe exigir que se cumplan las salvaguardas legales, que son muy precisas y emanan piramidalmente de las más altas instancias: Carta de Atenas de 1931, Carta de Venecia de 1964…, Ley del Patrimonio Histórico Español de 1985, Ley del Patrimonio Histórico-Cultural Extremeño de 1999, Planes de Protección del Casco Histórico de los distintos municipios…, pues si no luego los Tribunales de Justicia aplican la “cirugía sin anestesia” y vienen los llantos, rechinar de dientes y señalamiento de culpables entre los que fueran solo demandantes de justicia.

El profesional actúa. Pero respeta las normas legales (patrimoniales, sanitarias, educativas…), respeta el legado heredado y respeta el sentimiento ciudadano -que ha de ser escuchado-, y en ningún caso debe ser descalificado, poniendo por delante de las narices de “la plebe” el título obtenido por el facultativo.

MOISÉS CAYETANO ROSADO

moisescayetanorosado.blogspot.com

Acceda para dejar un comentario como usuario registrado
¡Deje su comentario!
Normas de participación
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
DigitalExtremadura.com | Última Hora, Actualidad de Extremadura • Términos de usoPolítica de PrivacidadDONDE ESTAMOS
© 2014 • Todos los derechos reservados.
Powered by FolioePress