
De pronto la majestuosa madera se desprendió de la tierra,
se abatió desde la montaña hacía la salvaje tempestad del río.
Pronto será traviesa de escuadras que, abiertas y desmembradas,
asumirán otra vida más lisonjera, plena de aventureras.
De pronto, la madera noble y orgullosa en el collado,
pasará a ser parte de un velero.
Naos, bergantines, carabelas, en ellos navegará parte del misterio,
el más allá, “el allende los mares”
buscarán la profunda soledad del crepúsculo.
Mitos y leyendas surgirán de lo desconocido,
en la mar oceánica, siempre al oeste.
Viejos marineros escribirán esta historia
en el corazón de la quimera.
¿Qué soles descansan tras esos cerros?
¿Qué jinetes se atreven a remontar las olas?
El oro y la cristiandad, se aferrarían como hermanos,
y una letanía de monjes, nobles, conquistadores,
señores de la avaricia se harán cargo del enigma.
Comienza la era de los descubrimientos.
Llega de nuevo, la muerte, repitiéndose.