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Rodolfo Orantos Martín
Miércoles, 4 julio 2012

LA BANDERA

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Los triunfos de la selección española de fútbol han conseguido efectos multiplicadores concluyentes: el estado de ánimo, la mejora de unas décimas del producto interior bruto, la marca - país y alguno más que podría ser enumerado.
 
Existe, sin embargo, uno especial en el que me quiero detener: La Bandera de España. El fútbol ha conseguido lo que la política, ni el tiempo habian conseguido resolver, y no es otra cosa que la universalización del uso de la Bandera de España sin connotaciones políticas de signo alguno, mal que le pese a algunos sectores neofascistas y neopatrioteros que añoran su uso en exclusividad.
 
Efectivamente ahora se puede ver a todo el mundo, de rojo y amarillo, gentes de izquierdas y de derechas, de  todo signo y condición. Nadie le niega a su hijo una camiseta de la roja, (bien puesto el nombre) y una Bandera de España por prejuicios políticos y eso hace patria. La Bandera se queda en los balcones y se colocan en campos, chalet y parcelas al modo norteamericano, los vendedores de mástiles hacen buena caja en el sector privado, donde hasta ahora sólo trabajaban con las instituciones.
 
Fue un acuerdo la recuperación constitucional de la Bandera diseñada por Carlos III en el siglo XVIII, sin escudo alguno. El la Bandera que ondeo desde California a Tierra del Fuego, en Florida, Texas, Nuevo Mexico, Colorado, Arizona y Louisiana, la que se izó en Orán, en Filipinas en Guam, en las Palaos y en las Carolinas. La Bandera del dos de mayo, de carlistas e isabelinos, la bandera de Don Amadeo, de la Primera República y de la Restauración.
 
También fue un acierto recuperar en 1981 coincidiendo con el  50 aniversario de la Segunda República el Escudo de esta para el Reino de España, esto es poco conocido pero por ello no menos importante. El sólo cambio de la Corona Mural por la Real y la incorporación de las flores de lis, Armas de la Real Familia de España en sus tres ramas, la reinante, la de las Dos Sicilias y la de Parma, no suponen cambio heráldico significativo.
 
Tenemos así la Bandera de un Rey y el Escudo de una República, República que a través de su último Presidente en el exilio, Don Claudio Sánchez Albornoz, entregó su legitimidad en Ciudad de Mexico al Rey de España, Juan Carlos I. Este hecho, también ignorado por muchos, da al traste con las pretensiones republicanistas de nuevo cuño. En la transición se entregaron a Juan Carlos I las tres legitimidades, la de su primo Carlos Hugo, Carlos VIII para quienes le considerábamos nuestro Rey, la de su padre, Juan IV para los suyos y la de la Segunda República. Ello propició la aprobación de una Constitución de reconciliación y concordia. Que no se olvide nunca.
 
Acabó así, además, la seudomonarquia instaurada por el franquismo, en un dudoso referendum de 1947, franquismo que prostituyó la Bandera con un escudo, con pollo incluido, mal diseñado y peor orientado con el que la dictadura franquista pretendió sin conseguirlo apropiarse del legado de los Reyes Católicos. Buen cuidado demostró Juan Carlos I, entonces cadete en la Academa General Militar de Zaragoza al jurar la Bandera, lo hizo con la que bordó su Bisabuela, la Reina María Cristina, que no podía tener pollo alguno.
 
Pero tenemos otra Bandera, consecuencia de un error de interpretación histórica pero Bandera que lo fue de España también. Los republicanos de principios del siglo pasado pretendieron enlazar su posición con la de los comuneros castellanos y por ello adoptaron el color morado en la tercea franja, así el rojo representaba a Navarra, el amarillo a Aragón y el morado a Castilla. Pero se equivocaron. El color de los Comuneros era el rojo carmesí, que hoy vemos en la Bandera de la Comunidad Autónoma Castilla y León, prácticamente igual al de la Bandera de España. El morado es propio de los Reyes de España, asi el Estandarte Grande de estos monarcas, vigente en la actualidad desde tiempos de Carlos III, aunque en desuso. Juan Carlos I utiliza un Estandarte más sencillo azul-morado y el Príncipe otro casi azul celeste, pero el morado es el color del Rey de España, esto es desconocido como tantas cosas, por ello cuando los neorepublicanos ondean la tricolor levantan una de las Banderas más Reales que existen.
 
Esta Bandera tiene que ser integrada, no puede ser partidista, ni antisistema. Es más, el golpe de estado del 18 de julio de 1936 se hizo bajo sus colores.  Sólo la insistencia de los carlistas provocó el cambio.  Ello evidencia que la Bandera roja y amarilla no era sólo la de la extinta monarquia de 1931, era también la de los monárquicos de otro Rey, si estos no hubiesen presionado Franco habría gobernado con la tricolor. A él le daba igual, con tal de mandar, el icono tendrría que haberse buscado en otra parte.
 
La  Bandera Tricolor puede encajarse, tiene un significado importante: La manifestación de Soberanía Popular el 14 y el 15 de abril de 1931, tanto fue así que hasta Alfonso XIII lo reconoció y se marcho. Sólo antes, el dos de mayo de 1808 y después el 6 de diciembre de 1978 encontramos momentos similares. Hagamos por ello de esta Bandera la de los órganos colegiados que representan la Soberania Popular, es decir la de las Cortes Españolas, sigamos el modelo norteamericano una vez más, donde su Congreso de Representantes tiene su Estandarte. Se terminaría así con el presunto debate, con el uso partidista y con la manipulación de la historia.
 
El Rey tiene su Estandarte, el Presidente del Gobierno el suyo, aunque lo usa poco (Rojo, amarillo y rojo en frnajas iguales con el Escudo del Reino de España en el centro), el Presidente del Consejo General del Poder Judicial el suyo (La Bandera de España con el Escudo del  Poder Judicial) y el Presidente de las Cortes Españolas no tiene, que lo tenga, que sea la tricolor con el Escudo de las Cortes de Cádiz, mejor año, el del bicentenario de estas imposible.
 
Acabo ya, ponerle letra a la Marcha Real Grandera, nuestro Himno Nacional, tampoco es tontería, pero vuelvo a la Bandera. La  Bandera, sin complejos, representa a la Patria, y la Patria es España, su libertad, su independencia, la de su pueblo, la de su Constitución, la de su Democracia, la de los derechos y deberes de los Ciudadanos y la de sus triunfos deportivos, sociales  y culturales. Por eso me reconforta cada vez que la veo en cualquier sitio, desde el mástil de Palacio , hasta el balcón más humilde. Traslada valores y pensamientos comunes, nos une por encima de matices y da identidad y respeto. Me siento seguro y gratificado.
 
 RODOLFO ORANTOS MARTIN
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1 Comentario
marsan
Fecha: Sábado, 7 julio 2012 a las 12:26
Sr. Rodolfo: Gracias por su españolidad y su sentido común.Un ESPAÑOL.

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