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Faustino Lobato
Lunes, 16 julio 2012

¿CHANCHULLEO MUNICIPAL?

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En medio de los agridulces del verano, entre ser campeones de futbol y vislumbrar el bloqueo de Finlandia, las periferias seguimos viviendo. Mejor dicho, seguimos haciendo de las nuestras  en estos extremos del País, donde todo sucede sin que nadie repare en ello; o en estas ciudades de la región, tan al extremo, como Badajoz, que casi nos metemos en Portugal.

 

Y  mientras el mundo gira con sus preocupaciones y sus divertimentos, en el Ayuntamiento de Badajoz se cometeN presuntamente fraudes de ley en algunas contrataciones de personal y nadie, salvando algún sindicato, reacciona presionado por los afectados. ¿Qué pasa? ¿El verano aletarga a los partidos políticos? O estos ya están aletargados de por sí que no se enteran de los “goles” que el PP, gobernante de este pueblo, mete al personal. ¿Por qué se le consiente a la administración, como algo habitual,  hacer  lo que le sale de las “bolas”?

 

Me explico mejor. Todo este asunto viene de atrás,  cuando hace unos meses quedó vacante en el Ayuntamiento un puesto de funcionario en la categoría de  trabajo social. Supuestamente el puesto de “marras” tenía que ser cubierto por alguien de una lista de funcionarios interinos. Esta lista[1], que se hizo en su momento para tal caso, se ha obviado por querer contratar, a toda costa, a otra persona sacándola de otra bolsa de trabajo, concretamente, de personal temporal laboral. Tremendo chanchullo, ya que no es lo mismo una lista que otra. Cada una funciona por  regímenes y normativas laborales diferentes, dentro de la administración pública. Y el Ayuntamiento se salta todo esto cometiendo una  irregularidad.

 

Me pregunto si para ser contratado por este Ayuntamiento, ahora en trabajo social, hasta que se convoque la plaza vacante de funcionario,  tiene uno que ser “señor/a de”, “primo/a de” o “amigo/a de” algún concejal o de alguien representativo de la administración.  ¿Cómo se entiende esto si no es llamándolo presunto fraude de ley? Y con todo, solo un sindicato se hace cargo de lo sucedido y, con ciertas reticencias, ante la presión de los afectados.

 

Lo peor del asunto es que el Consistorio, desde su “prepotente” estado, responde solo a la reclamación del Sindicato, que no a otra interpuesta por los afectados. La respuesta   subraya  que para un puesto de funcionario se ha tenido que contratar a una persona de laboral temporal. Metedura de pata y, ahora, por escrito. Y lo más grave es que el Ayuntamiento tiene una asesoría jurídica que, supuestamente, le habrá puesto al corriente de las irregularidades en las que puede incurrir. Pero los amaños son los amaños. Vamos, de juzgado de guardia...

 

Para complicar más este caso, el Sindicato demandante comprueba que el escrito recibido “chirria” y “hace aguas” por todos lados, y sin embargo no replica al Ente local sino que deja que lo hagan los afectados. Qué pobre es esto de que sean otros quienes respondan por uno mismo. A veces, da la sensación que los sindicatos quieren “nadar y guardar la ropa”. Si esto es así,  ¿qué puede pasar ahora? ¿Los afectados, en paro, tendrán que denunciar sufragando los gastos de costas y abogados? O,  dado que es algo generalizado y de grave injusticia, ¿el Sindicato en cuestión, tendrá que seguir y  llevar este asunto a los tribunales? Porque lo suyo, a esta altura del caso, es que el sindicato se moje y no eche el culo para atrás.

 

Sea como sea esto puede ser una “bomba de relojería”, la punta de un iceberg de otras contrataciones presuntamente fraudulentas que la oligarquía del  Ayuntamiento pacense, tan “católico y de “derechas”, viene cometiendo.

 

Lo asqueroso de todo es que estas irregularidades en las contrataciones de personal, se comentan, con total  impunidad, por los pasillos del Palacio Municipal para después, entre risas y complicidades, olvidarlas como si nada hubiera pasado. Y cuando se pregunta por qué no se actúa,  la respuesta es que no vale la pena hacer nada, que no sirve protestar, que están acostumbrados a ver esto y que, en definitiva,  hay miedo a perder el puesto o a no ser contratado. Esto se llama “chanchullos” consentidos, algo vulgar y de poca monta, lo más bajo del presunto fraude de ley que, en todos los casos, no llega ni a la categoría, solemne e inteligente, del engaño.

 

Tan provincianos somos que cuando nos saltamos la ley lo hacemos, “chachulleando”, pensando que “el cortijoes nuestro y que no va a ocurrir nada. ¿Dónde está la justicia? ¿Dónde está la prensa? ¿Dónde algunos políticos? ¿Dónde están aquellos que se hartan de proclamar la defensa de los derechos de los trabajadores?  Vergonzoso que esta falta de transparencia no trascienda y se denuncie.



[1] BOP de 25 de junio de 2007

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