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Salvador Calvo Muñoz
Martes, 31 julio 2012
Pasos y paisajes

SANTO DOMINGO DE GUZMÁN

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 San Pedro, Santa María, esa plaza porticada…¡Cuánto entrañable recuerdo, Garrovillas! A casa de tía-abuela Julia acudían todos a comer en aquellos años remotos, los cincuenta, los sesenta, de recuas de ganado, feria popular, toros. Tíos, primos, parientes, criados, siempre hubo un plato de comida en aquella casa.


            Como lo había, años después, en aquella otra  de la Rúa salmantina, cuando nosotros, estudiantes de Navas, del Casar, de Acehúche, acudíamos a comer a casa de nuestra tía Pilar, MariPili, María José, Adelina, Eloy, los primos de todos.


            Pasamos Garrovillas y ese magnífico pinar antes de Navas. ¡Ah, las Navas del Madroño! ¡Cuánto sin contar, dejaremos en el almario! Y allí mismo, viniendo hacia Arroyo, cabe la enorme falla de Plasencia-Alentejo, que llega por Araya, nos desviamos por la ladera de enormes retamales hacia Santo Domingo de Guzmán. ¡Qué escenario tan fantástico para las cacerías de antaño! ¡Cuánto tiro a los infinitos conejos y perdices de aquellos fértiles años 60 y 70!


            Hoy, esa imponente solana de canchos feraces será, si acaso, cubil de raposa u camastro de cochino. Cabeza de Araya o Pasto Común. Dice Juan Gil que hay un castro y no lo hemos visto. Santo Domingo. A fuer de tercos, cargamos pertinaces con la cantinela pesada.


            Pero ¿por qué tanto vacuno pringándolo todo con su estulta presencia y sus detestables bostas mancillando  pasos y paisajes? Hasta el mismísimo pórtico del recoleto Santo Domingo está sucio de excrementos vacunos. ¡Los clavos de Cristo!


            Hemos mirado la soledad de Araya, depresión geomórfica de la falla susodicha, desde la atalaya privilegiada de la ermita de Santo Domingo de Guzmán. Y hemos recordado tiempos remotos y entrañables de la geografía sentimental: Garrovillas, esa plaza increíble, el café Flores, nuestra encantadora tía Pilar. Nostalgias y melancolías inexorables.  



SCM

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