Viernes, 3 agosto 2012
LA OPINIÓN DEL DÍA

Quién manda en el BCE, de Primo González

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DEx

...el BCE no es un juguete en manos de la democracia asamblearia de los 17 Estados que integran la Eurozona. Es, más bien, un instrumento con el que Alemania velará por los sagrados principios de la ortodoxia monetaria de la UE. Si alguien no lo tenía claro, es hora de que extraiga la correspondiente lectura del asunto.

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Había empeñado Mario Draghi su credibilidad (“créanme”)  con aquella famosa frase  pronunciada hace una semana en Londres, con la que puso muy alto el listón de las expectativas de arreglo inmediato de la crisis de la deuda. Por desgracia, Draghi ha cometido un error de principiante y le han desarbolado su estrategia en  dos minutos, con sendas declaraciones lanzadas al viento en la víspera  por dos pesos pesados de la economía alemana  y que se han materializado en frenos durante la reunión que este jueves ha celebrado el Consejo de Gobierno del BCE.  El desaire no podría ser mayor  ni tan grande la humillación. Draghi, de momento, pasa a ser un presidente decorativo.


Uno de los aguafiestas (Jens Weidmann, presidente del Bundesbank, el banco central alemán)  está precisamente sentado en este Consejo, que finalmente le ha parado los pies al máximo responsable de la institución. Weidmann, al igual que su antecesor en el Bundesbank (Axel Weber) no quiere   oír  hablar de batallas como la que le vienen susurrando al oído a Draghi los políticos de la UE, entre ellos los altos dirigentes de Italia y de España. Weidmann no es una persona insignificante en el entramado institucional de la UE. El martes lanzó a través de la página web del propio Bundesbank toda una declaración de intenciones en la que cerraba el paso a las pretensiones de quienes querían utilizar la caja del BCE para  comprar deuda de países periféricos, asunto que los ortodoxos alemanes ven como una forma de echar gasolina  a la inflación.

Weidmann  incluía en su escrito algunas advertencias que pueden sonar a prepotencia pero que, además de reflejar bien el pensamiento de un importante sector de la vida política alemana,  responden a la evidencia. El Bundesbank, dejó dicho Weidmann, no es uno de los 17 bancos centrales de la Eurozona, es el más importante, el mayor, el que tiene más recursos y, ya por decirlo todo, el que está llamado a cortar el bacalao. Sin su aquiescencia no se mueve un euro en el BCE y menos para comprar deuda de países manirrotos, que no son capaces de dominar sus finanzas públicas y ni siquiera de presentar un frente unido en el plano doméstico. Habría que haber visto el día antes la cara de Weidmann cuando se enteró de la trifulca  que le estaban organizando a Montoro los líderes de algunas Autonomías españolas, en especial de dos de las más importantes, Cataluña y Andalucía. Ha sido todo un alarde de masoquismo el que hemos brindado los españoles. Weidmann ha tenido ocasión de leer todos los detalles  el propio miércoles en las páginas del Financial Times nada menos que a cinco columnas  y en la portada de The Wall Street Journal. Como para pasar desapercibidos.

El balance de la reunión de este jueves del BCE no es caritativo con Draghi. Por lo que sabemos desde fuera, su derrota ha sido total. Weidmann es el hombre del momento, mano derecha de Merkel durante años, ahora, a sus 44 primaveras, une la condición de verdadero mandamás del BCE y de sus veleidades. Ya era difícil  entender que Alemania tolerase a un italiano al frente del BCE, pero viendo el papel de Weidmann a su vera resulta más fácil de entender.  Lo que queda de este jueves es, en todo caso, una manifiesta pérdida de credibilidad de Draghi y una identificación estricta entre el BCE y el Bundesbank. Conviene no olvidarlo porque  el BCE no es un juguete en manos de la democracia asamblearia de los 17 Estados que integran la Eurozona. Es, más bien, un instrumento  con el que Alemania velará por los sagrados principios de la ortodoxia  monetaria de la UE.  Si alguien no lo tenía claro, es hora  de que extraiga la correspondiente lectura del asunto.

Standard & Poor’s ha reafirmado este jueves la calificación de AAA a la deuda alemana. Consagra con ello  el liderazgo alemán no sólo en el seno de la UE, de lo que ya se encargan  personas  como Weidmann, sino a escala global. Alemania es el ejemplo del  buen hacer económico.  Hay que recordar que desde hace unas semanas es, insólito caso, el único país del mundo que se financia gratis y que incluso cobra por  recibir dinero a  crédito. Lo que España tiene que pagar al 6,706% en títulos a 1º0 años de plazo (los emitidos este jueves), Alemania los emite a coste cero. Y,  encima, en algunos plazos hasta  le pagan. Lo  que para los demás mortales se llama tipo de interés, para Alemania  es una especie de comisión de custodia que cobra a sus incondicionales por  mantenerles el dinero a buen recaudo.  Con  un socio así puede resultar incómodo ir de viaje, pero es el que tenemos en la UE. Y quizás no sea una desgracia que esté  dispuesto a tomar las riendas. Otra cosa es cómo vamos a arreglar el desastre económico que nos embarga. Desde luego, si pensábamos que Draghi iba a resolvernos el problema por la puerta de atrás del BCE, estábamos en un error. Este jueves lo hemos podido constatar. También Draghi, que al parecer no se había enterado.


Primo González

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