Lunes, 6 agosto 2012
Pasos y paisajes

REINA VICTORIA: G. DIEGO

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Salvador Calvo Muñoz

 

[Img #20583]

La meseta está amarilla y verde oscuro. Inmensidad de los campos de cereal y bosques densos, pardos y umbríos. Villalón de Campos, Cervera de Pisuerga, Frómista (San Martín), las Hoces de Reinosa, y al fin y a la postre: La Bahía.

            Mañanita temprano, una neblina tenue opaca Peña Cabarga, y el Ferris, enorme, pasa a lo largo de las aguas serenas. Caminamos ligeritos por Marqués de la Hermida, el muelle Calderón de Pereda, Castelar y Reina Victoria. Mientras Jorge Sepúlveda sigue cantando al mar, nos hemos sentado un rato a hacer compañía a Don Gerardo que, impertérrito, contempla eternamente el escenario de sus sueños.

            Hemos recordado la única vez que lo vimos en persona, su personita tan chica, su vocecita fina y sus adustos modales. Fue en un aula de la docta Salamanca, hace los quirios, e impartió una clase sobre la poesía de San Juan de la Cruz. Qué poeta tan inmenso, Don Gerardo. Y que haya bachilleres que ignoren aún aquellos versos del ciprés de Silos. El daño que ha hecho la logse esa no tiene nombre ni perdón.

            Mástil de soledad, prodigio isleño...Mouro sigue vigilando tanto la Bahía como el Sardinero. Paseamos por Piquío y llegamos hasta el rincón de El Chiqui que, a veces, sufre los envites de la mar furiosa. A la vuelta del camino, la luz dorada de la mañana se ha ido tiñendo del tono gris de los nublados que llegan de poniente; pero todo está bien, Don Gerardo, todo está bien, menos las pertinaces ganas de diluirse uno, devanado a sí mismo en loco empeño. 


SCM 

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