Viernes, 10 agosto 2012

TRES AÑOS DE EDAD MENTAL

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Carmen Ibarlucea

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Leyendo un artículo de Vicenç Navarro del 31 de julio, descubro que hay un estudio psicológico sobre la relación entre compasión y riqueza. Obviamente me lanzo a leerlo con fruición. Hace años que sostengo, sin ninguna base científica, salvo la observación directa de mis congéneres en el planeta, pero sin haber elaborado estadística alguna, que las personas con dinero se comportan emocionalmente como los niños de tres años... ya saben: Si me gusta es mío; si te lo arranco de las manos, es mío; si me lo prestas, ya es mío; Si es mío es mío, y si es tuyo, pero me gusta, es mío. Sí está roto o no me gusta, es tuyo.

Afortunadamente Paul Piff y Dacher Keltner se han tomado la molestia de sistematizar mi intuición, desconozco sus motivos, y han publicado en Scientific American sus resultados (http://www.scientificamerican.com/article.cfm?id=how-wealth-reduces-compassion)

Ambos profesores de la Universidad de Berkeley han mirado el problema desde diferentes perspectivas. Primero estudiando quienes acatan más las normas de convivencia social, el estudio se centra en el comportamiento al volante, muy de actualidad tras el incidente de Cuba. Y estadísticamente las personas con coches más caros son las que comenten más infracciones, se saltan los semáforos, los pasos de peatones y asumen la prioridad al circular aunque no la tengan. Eso no significa que sean las que pagan más multas.

Después estudiaron, a través de pruebas físicas como el ritmo cardiaco, la capacidad de empatía y atención, en una muestra amplia de población que previamente había declarado su nivel de renta, de estudios, origen étnico, ideología y creencias religiosas o su falta de ellas. Sucedió que al escuchar las historias de niños en tratamiento por algún tipo de cáncer, las personas con menos ingresos y menos nivel de estudios, eran las que en su mayoría ralentizaban su ritmo cardiaco, un síntoma de escucha atenta. En el estudio, que como ya he mencionado se tomaba en cuenta el origen étnico y la religión, se observó que no eran datos relevantes a la hora del comportamiento ético.

Pero también han enfocado la cuestión primordial, ¿qué es antes, el egoísmo o la riqueza? Y aunque podríamos pensar que para llegar a ser rico hay que ser egoísta, el estudio nos muestra que no es necesario a priori. Al obtener, en la manera que sea, una vida más cómoda y segura, se acrecienta el individualismo, una visión del mundo menos colectiva, ya no necesitamos de los demás para sobrevivir. Por lo que se convierte en una espiral que se autoalimenta. A más riqueza, más egoísmo, a más egoísmo, más desapego hacia los demás, a más desapego, más riqueza.

Siempre me he preguntado cual podría ser la razón por la que a lo largo de la Historia las personas realmente preocupadas por una autentica justicia abrazaban la pobreza económica como una liberación. Desde Buda y Confucio hasta Gandhi y Simone Weil, pasando por Jesucristo o Rabia al-Adawia, han abrazado la pobreza como si no hubiera otra forma de mantenerse en el camino de la ética, es posible que de algún modo intuitivo percibieran que demasiada seguridad material nos aleja de nuestros semejantes y de aquello que nos hace más humanos, la solidaridad (soldarnos con el otro) y la compasión que es la empatía profunda.

La semana pasada les conté un cuento basado en la vida cotidiana de un pueblo antiquísimo, los San. Ni ellos, ni ningún pueblo cazador-recolector conocen la seguridad del salario fijo o de la riqueza inmobiliaria, mucho menos el placer de especular; tampoco se les ocurre dejar sin comer a quienes han tenido un mal día en su búsqueda de alimentos.

Sin embargo eso está a la orden del día entre nosotros, y lo peor es que la falta de compasión es un valor en alza. Market Watch, una empresa dedicada a los estudios de mercado y enfoques de inversión, ha tenido la ocurrencia de analizar en qué invierten su dinero los ricos. Quizás ustedes piensan que ese estudio es la base de las medidas de exención fiscal, al mostrar que las grandes fortunas reinvierten continuamente en empresas productivas que crean empleo. Siento decepcionarlos. Desconozco la base sobre la cual nuestros políticos toman estas decisiones, pues las grandes fortunas, en cualquier parte del mundo están más enfocadas a la adquisición de propiedades, a la especulación o al disfrute personal que a la inversión productiva; según el estudio realizado por Market Watch solo un 1%, y quiero subraya UNO, se destina a la creación o ampliación de empresas, y por lo tanto a generar empleo.

En Psicología infantil se dice que es a partir de los siete años cuando las personas comenzamos a tener sentimiento de grupo, a preocuparnos por el bienestar de quienes nos rodean, a compartir con alegría, a empatizar, en suma. Espero por el bien de todos que no dejemos que los más inmaduros de entre nosotros dominen el mundo mucho más tiempo.

 

Para saber más:

Encuesta Mendelsohn Affluent Survey http://www.ipsos-na.com/products-tools/media-content-technology/syndicated-studies/mendelsohn-affluent-survey.aspx

 

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