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Salvador Calvo Muñoz
Lunes, 20 agosto 2012
Pasos y paisajes

PUERTO VICTORIA

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 Estrabón, Flavio Josefo, Plinio el Viejo, que murió bajo la ceniza por ir a fisgonear a Pompeya, y otros muchos, nombraron a los cántabros. El mismo Octaviano hubo de venir a acabar con esta guerra, y cuando se puso malo, el grandísimo Marco Agripa tomó el mando. Las gabarras entran al Pesquero, y al fondo se dibuja el entramado de Astillero.

            Mañanita tempranera comenzamos la andanza a cuatro pasos del Ferrys, ahí en Los Piñucas, donde va la gente a las sardinas asadas. Pasamos la grúa de piedra y el embarcadero de las pedreñeras, que van y vienen al otro lado, Pedreña y Somo. Calderón, el muelle ¿ya no vienen los pescadores a echar las cañas en el Calderón? Los pobrecitos raqueros se pasan la eternidad mirando a ver si hay que zambullirse en pos de una moneda.

            Y hemos pasado de largo, sin apenas saludarlos y casi sin verlos, a Don José María de Pereda y al capitán Velarde, que muerto por el gabacho en aquello de Madrid, aún empuña el sable de su ira. Puerto Chico o Castelar, salen los barquitos por la madrugada a la Bahía a ver si entran el magano o la rellena, tal vez la dorada o esa lubina de ensueño. El Museo Marítimo y Los Peligros. Achacosos mayores buscan, en el andar pausado por la arena fría al pie del agua, no sé qué remedio para sus inefables deterioros orgánicos.

            Calle de La horadada para dejar las arenas de la Magdalena y asomarnos al Camello y al esplendor de El Sardinero. El Casino blanco, el Rhin, el Gran Hotel en la Plaza de Italia; pero nos escapamos hacia la mar por el barzal domeñado de El Piquío.

            Y llegamos hasta la punta del paseo marítimo, donde saludamos a Juan de la Cosa, aquel piloto de la nao Santa María, y de otras con las que pisó las tierras del Nuevo Mundo americano, vio paisajes nuevos antes que nadie y acabó asaeteado por las hostiles flechas de aquellos feroces caribes de la costa. Vuelta a empezar. Riela la mar luces plateadas en el espejo de la Bahía. Desde el alto de La Magdalena, Puerto Victoria, donde atracaron los barcos romanos que llegaron para acosar a los indómitos cántabros. Vae victis! Sant Ander. 


SCM   

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