Cuentan que era un gran guerrero, un estratega magnifico y un líder carismático, pero ... quizás, Alejandro no fuera del todo insensible. Dicen, que cuando llego a Persia hacia que le contaran un cuento cada noche y que de aquella inusual y bárbara costumbre, como homenaje póstumo, sus sucesores encargaron que se escribirá el Hazar Afzana, el libro de los Mil Cuentos. Aquel libro se perdió para siempre. Y ya nunca sabremos que cuentos contenía.
Dicen, algunos estudiosos que era el embrión de las mil y una noches, quizás por eso cuando pienso en Alejandro, yo veo sus ojos ávidos de escuchar y de su boca, dibujando un suspiro, escapa una exclamación:
“¡Cuán dulces y cuán sabrosas son tus palabras llenas de delicia!"