Me entró miedo, miedo a no ser capaz de llevar a Julia ante su marido. Pánico de que me pidiera que entrara con ella. Desolación de no ser capaz de estar a la altura, de sobreponerme y acompañarla.

¡Coño!
Rubio ¿qué pasa? ¿no querías subir? Anda que no has tenio suerte ni ná.
Te vienes con to hecho; bodas, bautizos, comuniones ... Si te descuidas
llegas a los arrejuntamientos de los bisnietos.
Anda, cuéntame que tenemos tiempo ¿Cómo le va a la niña chica con Paquito Lazambra altavoz y coche propio?
¿Le pusiste mote al muchacho antes de morirte? ¿te dio tiempo?
Ésta
podría ser la conversación entre consuegros si existiera algo después
de la muerte, si existiera algún sitio de espera. Si existiera...
Lo
que si existen son los recuerdos o las costumbres, aquella que tenía de
recibirme con un "Ya está bien..." nos hubieramos visto hace dos horas
o dos lustros. El peor yaestábien fue al regreso de la quedada de Zafra
¿qué carajo pintábamos los dos tan lejos un día de tan intensa niebla?
Su
carácter lo podríamos clasificar como modelo Clint Eastwood, parco en
palabras y poco roce físico. Fue el primero en aceptarme hace casi 17
años, sin aspavientos ni lindezas, pero sin cuestionarme nada; mientras
para el resto de la familia era la arpía y malvada ladrona que les
había robao su mirlo blanco
Pasó de la etapa de Sergio Leone a la de Millon dollar baby cuando
nació Pedro. Hacía un año que habíamos quitado el ganado y se quedó sin
obligaciones. Se acostumbró a visitarme todos los días, cuando
calculaba que necesitaba ayuda con el muchachino. Lo malacostumbró a
sus brazos y de paso comenzamos a mantener conversaciones, largas
tertulias.
Incluso plantó pimientos en el arriate de mi
patio. Los joios pimientos no acababan de salir hasta que decidió usar
agua de lluvia.
El lunes pasado, cuando se había
terminao "el parte" nos llamó Julia (su mujer)"Sube, tu padre parece
que está mareao" y mi santo subió. No quiso que le acompañara pero al
ratino me reclamó en el centro de salud. La médico (jovencísima) me
llamó a parte antes de salir con la ambulancia "Está muy mal, 12
segundos en parada (o 18, ya no recuerdo con exactitud), hemos avisado
y nos espera una UCI móvil en Navas del Madroño, es mejor que nos sigan
de cerca, puede que a mitad de camino haya que volver"
Mi
santo quería cambiar de coche antes de salir. Le dije que si había
gasoil para llegar a Cáceres salieramos zumbando detras de la
ambulancia, que no había tiempo para cambios.
En el camino avisé a su hermana María.
En
Navas, a pesar del trabajo incansable de los dos equipos médicos (el de
la UCI móvil y el de Alcántara) se murió. Hasta aquí pude, hasta aquí
era a la que le hablaban los médicos, hasta aquí les iba anunciando de
a poco el posible final. Pero cuando los médicos dijeron que no pudo
salir de la tercera parada parecía que no querían entender, que
esperaban las palabras exactas de "ha fallecido". Las esperaban de mi.
Las dije. Me entró miedo, miedo a no ser capaz de llevar a Julia ante
su marido. Pánico de que me pidiera que entrara con ella. Desolación de
no ser capaz de estar a la altura, de sobreponerme y acompañarla.
Avisé
a Maria, que no nos esperaran en urgencias y que llamara a los del
seguro. María también quería palabras claras, María necesitaba una
frase sin fisuras y sin dobles intenciones. María temía que le dijera
que su padre había muerto.
No tardaron mucho en
llegar a Navas aunque a mi se me hizo eterno ese ratino. Aparecieron
todos juntos, ya era otra cosa. María acompañó a su madre ante el
abuelo.
Lo demás transcurre como cualquier situación
parecida a ésta con la salvedad de que uno de los hijos no podía
acompañar a su padre en los últimos momentos ya que se encuentra
hospitalizado. Después de descansar un poco nos acercamos a Toledo a
acompañarlo. Julia necesitaba ver a su hijo, su hijo necesitaba ver a
su madre y a sus hermanos.
Todo esto es ley de vida,
quizás lo que firmaríamos cualquiera de nosotros; morir en un par de
horas, casi que en tu casa, al borde de cumplir los 88 años y con los
tuyos.
Hitos Arroyo