Martes, 18 septiembre 2012

NACER EN CÁCERES Y MORIR EN OTRA PARTE

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Félix Pinero

 El gran bibliógrafo extremeño Antonio Rodríguez-Moñino recoge el dicho de este título en su “Diccionario geográfico popular de Extremadura”, publicado en la Revista de Estudios Extremeños. Moñino afirma que el dicho “da a entender que, en Cáceres, en otro tiempo, había muchos nobles y los segundones salían a buscar en otra parte, en la guerra o en las letras, el modo de hacer fortuna”.


            Todo parece indicar que el dicho ha adquirido, pese al paso inexorable del tiempo, un carácter retroactivo en su significado y un presente de indicativo en el significante de actualidad, como si la irretroactividad del tiempo, como la de las leyes, no fuere asunto intrínseco de los mismos, sino del devenir y sus circunstancias.


            Es bien cierto que los tiempos actuales no son propicios para buscar futuro, ni en la guerra ni en las letras, porque en la guerra le fuere ida la vida a uno y porque, como dijo Larra, “escribir en España es llorar”, ayer y hoy. ¿Quién podría hacer fortuna hoy en ambos campos”?


            Hay otro punto del dicho que amplía, aún más, el continente y el territorio de la expresión: “Nacer en Extremadura y morir en cualquier parte”. Hace medio siglo, un millón de extremeños despobló la región para ir a buscar la fortuna que aquí no hallaren en la industria y servicios y, muy pocos, en las letras. Aquellos adelantados iban sin fortuna para que sus hijos la hubieren mañana. Hoy, lograda en la formación, torna un nuevo exilio en las letras, las ciencias, los servicios y las lenguas, en busca de un trabajo que aquí no hallaren. Como dijo Pedro de Lorenzo, fuimos “los primeros en América y los últimos en Europa”.


             “Cáceres se muere”, proclaman los comerciantes, vetados por ello en una negociación que exige, “sine qua non”, la retirada de una esquela mortuoria que ofende la sensibilidad del poder. Ellos no se preocuparon en innovar pensando en el futuro y son hoy pasto de los mercadillos y de una economía china emergente, además de unos alquileres que, en tiempos de crisis, asfixian su debilitadas economías.


            La ciudad pervive, pero no sus habitantes: una juventud sin futuro, aun formada para él, ha perdido la ilusión; la industria naciente, languidece; el comercio, cierra; los peces grandes se comen a los chicos; las profecías, en quienes los ilusos confiaron, no se cumplen, porque quienes las proclamaren no fueren profetas del más allá, sino de su propio reino. Solo los políticos parecen vivir en el paraíso al que le llevaren los ángeles, mientras el resto fuere “carne de cañón” para vaciarle sus bolsillos y llenar los suyos… El pueblo se distrae con los circos que pasan. ¿Muere la ciudad o sus habitantes? ¿Y Extremadura: avanza o retrocede? El pueblo ignora a sus gobernantes, aunque les votare, porque su mano derecha ignorare lo que hiciere en las urnas al introducir unas papeletas con nombres y programas desconocidos. No hay profetas en el secano, ni aun en el regadío de este reino.


            Nada cambia si no es para peor. Se inventan de la noche a la mañana acrónimos y siglas de risa, como el Gobex (por Gobierno de Extremadura), porque hasta la economía lingüística ha de imperar en tiempos de crisis. Y lo lanza uno y lo reproducen tan frescos los más, que ni traducir supieren sus receptores, y menos aún lo que pudieren saber y utilizar: los nombres de las instituciones extremeñas que tuvieren por propios en su ley fundamental: el Estatuto de Autonomía: la Junta y la Asamblea de Extremadura. Como si quisieren emular a Dámaso Alonso, quien ya en el siglo pasado hablare del “Siglo de las siglas”

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            Y así, “todo pasa”, dintel sobre la fugacidad del tiempo en el Palacio del Marqués de Mirabel en Plasencia. Y los Golfines de Cáceres seguirán esperando en su palacio de Abajo el día del juicio final, porque Cáceres pareciere volver al otoño de la Edad Media que la hiciere universal, pero tan recogida en sí misma, que no revelare alegría ni juventud, porque ni los festivales de música la elevaren al altar de la patria, con más pasivos que activos y, en los primeros de esta clase, pasivos hasta en Cortes, a la espera…,  como si esta diere luz al presente oscuro y al futuro por venir.


 Félix Pinero

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