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Viernes, 21 septiembre 2012

Revolución en PRISA. Abril-Martorell toma el mando y fulmina a Santillana, Delkader y Pons

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La revolución anunciada ayer enlaza con el objetivo declarado de Abril-Martorell de profesionalizar la gestión económica de la sociedad. Una meta alentada por los nuevos socios de los Polanco, veáse Nicolas Berggruen y Martin E. Franklin, consejeros procedentes de Liberty.

El factótum del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián, se reunía esta semana a deshoras con el máximo responsable de la Cadena SER, Augusto Delkader, miembro fundador del diario El País y un histórico de la casa. Era el presidente ejecutivo quien, en contra de su costumbre, rendía visita a su colega. Todo un símbolo de lo que se avecinaba. La compañía comunicaba hoy a sus trabajadores un abanico de cambios por el que el propio Delkader e Ignacio Santillana, hasta ahora director general de Prisa, abandonan sus funciones ejecutivas. Javier Pons, fichado a bombo y platillo hace apenas dos años, también deja su cargo como consejero delegado de Prisa Radio. Gana José Luis Sáinz, consejero delegado de El País, que asume también el control de la radio. Los cambios se producen dos meses después de la designación como consejero delegado de Fernando Abril-Martorell.

El fichaje como director financiero de Javier Lázaro, hasta hace apenas 15 días codirector general de banca de inversión para España y Portugal de Credit Suisse, ya presagiaba cambios de enjundia en un área de la compañía con inflación de cargos. La primera víctima fue Javier Fariñas, director financiero de la casa desde noviembre de 2002, cuando llegó a la firma procedente de Santander. No se ha librado de los ajustes de plantilla. La segunda ha sido el propio Santilllana, que desde su dirección general tutelaba nominalmente las finanzas de la casa. Un exceso de grasa cuando ha sido el propio Abril-Martorell quien, desde su llegada, ha coordinado en primera persona la estrategia financiera de la compañía y la interlocución con las entidades financieras. Se salva por ahora Matilde Casado, también dedicada desde hace años a cuidar de las finanzas de la firma.

La revolución anunciada ayer enlaza con el objetivo declarado de Abril-Martorell de profesionalizar la gestión económica de la sociedad. Una meta alentada por los nuevos socios de los Polanco, veáse Nicolas Berggruen y Martin E. Franklin, consejeros procedentes de Liberty. El principal hito que afronta la compañía en ese esfuerzo es el futuro de su presidente ejecutivo, principal responsable de las decisiones empresariales que llevaron la deuda de la compañía por encima de los 5.000 millones de euros. Entre ellas, Cebrián debe responder por la opa acometida en 2008 por el 100% de Sogecable, operación que obligó a solicitar un crédito de casi 2.000 millones y terminó de hundir las finanzas del grupo.

Más allá de los cargos y de su reciente nombramiento como presidente ejecutivo, Cebrián ya dio un paso lateral cuando incorporó a la firma a Abril-Martorell, un primer espada llamado a mayores metas que llevar las riendas económicas de la sociedad. A finales del año próximo vence el trienio que Cebrián tenía garantizado al frente de la casa y alguno de los nuevos accionistas no vería con malos ojos que su papel se redujera todavía más. El acuerdo alcanzado en 2010 que permitió la entrada de los hedge funds y firmas de inversión de Liberty con 650 millones de euros en el capital de Prisa contemplaba que el ex director de El País permaneciera al menos tres años más al frente de la compañía. “Necesitamos un cambio importante en la gestión. Yo puedo poner en marcha la mayor parte. El final del cambio es cambiarme a mí. Ese es el pacto”, aseguraba entonces el ejecutivo.

Como publicó este diario, el grupo ya se planteaba a la vuelta del verano un nuevo ajuste de plantilla, que afectaba a cabeceras del grupo pero también a una veintena de puestos del área corporativa. Y es que el afán de reducción de costes ha llegado en esta fase de los ajustes a departamentos a priori estratégicos. Por ejemplo, el grupo ha decidido desmantear la dirección de seguridad. “Se desmantela totalmente el sistema. Tanto la seguridad física, que contaba con unos cinco o seis empleados, como la informática, con otros cinco trabajadores. Se ha dado la orden de salida para ellos y ahora se están negociando las condiciones del ERE, aunque la empresa ya ha dejado claro que serán 20 días por año”, aseguraban entonces fuentes conocedoras de la situación.

El presidente ejecutivo ya dejó claro durante la Junta General de Accionistas de la compañía celebrada en junio que no sólo habría más despidos en los próximos meses, sino que todos los activos de la sociedad estaban en venta. “Tenemos a punto un análisis sobre los eventuales precios y condiciones fiscales, así como los potenciales compradores, que podrían justificar la venta de cualquiera de nuestros activos”, aseguró Cebrián. Y remataba: “Llevaremos a cabo operaciones de este género en el menor plazo posible (…) Hemos llegado a acuerdos que suponen el cierre o cesión de numerosas plantas de impresión y estamos negociando desprendernos de actividades de considerable tamaño”.

Las cifras invitan a la reflexión. La compañía registraba hasta junio unas pérdidas de 61,1 millones de euros y una deuda neta superior a 3.370 millones. Eso sí, la firma llegaba a un acuerdo en junio con Telefónica por el que la teleco se comprometía a suscribir bonos convertibles en acciones por valor de 100 millones de euros del grupo de medios de comunicación. Además, anunciaba un acuerdo con La Caixa, Banco Santander y HSBC para la conversión de parte de su deuda en acciones por 334 millones de euros. Toda una operación rescate a la compañía por parte delestablishment nacional. Al final del proceso, los Polanco apenas retendrán un 16% de la empresa y los bancos serán los accionistas mayoritarios. Todo un reto para la línea editorial.


Vía El Confidencial

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