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José Luis Arellano Herrera
Lunes, 1 octubre 2012

ESPAÑA NO VA BIEN NI MAL, ES QUE NO VA…

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España no va bien ni mal, es que no va, y a nosotros no nos sirve culpar a ficticios enemigos ajenos. La crisis no ha hecho más que situarnos frente al espejo para mirarnos con tranquilidad. La verdadera raíz del mal no hay que buscarla fuera, está en la falta de dinamismo de nuestra economía y creo sinceramente que también, en cómo se pactó y se estipuló nuestra entrada en el Mercado Común y hemos perdido la memoria y solamente nos hemos limitado a ir fraguando nuestro destino durante estos veintiséis últimos años (1.986).

 

            Casi treinta años de millonarios fondos de cohesión y estructurales, recogidos de Europa a cambio de reducir nuestro sistema productivo y de convertirnos en clientes insaciables de productos del exterior (Alemania, Francia, Rusia, China, etc.), que no han sido suficientes para poner en pie un modelo alternativo solvente, que genere un crecimiento sólido y un empleo de calidad.

 

            Necesitamos regenerar y recuperar cívicamente nuestra economía, así como terminar con los privilegios y los corporativismos culturales, sindicales, políticos y patronales, porque no estamos a la altura que creemos; estamos menos adelantados de lo que pensamos y solo nos damos cuenta de ello cuando intercambiamos nuestros puntos de vista con sujetos de otros países. Los cambios que se están produciendo en el mundo, pueden llegar a devorarnos si no corremos. Debemos, a partir de ahora, estar a la altura de las circunstancias.

 

Que haya un altísimo porcentaje de titulados universitarios no significa que la educación funcione, sino que ha inmovilizado la exigencia del esfuerzo.  Por el perfeccionamiento y el desarrollo científico sienten inquina los políticos de turno y por eso no invierten en investigación, pero es que hasta los empresarios sienten lo mismo, siendo como son sus principales beneficiarios.

 

La política ha raptado y depravado a la sociedad, con un Estado intrusivo cuya inclinación es abrumar y agobiar al ciudadano con cargas, derramas, impuestos y tributos antes que administrar su independencia y su libertad. Los partidos han adquirido un poder desmesurado y a fuerza de ser sincero, no son más que el fiel reflejo de la nación que los ha elegido. Siguen las mismas pautas sin mirar atrás.

 

            Del servidor público hay que esperar rectitud intachable y honradez, etc., porque nosotros tampoco estamos a la altura de las circunstancias, pues la mayor parte de las veces preferimos o aceptamos las facturas sin IVA, practicamos continuamente la economía sumergida porque nos resulta más barata, abusamos indebidamente de las bajas laborales  y recurrimos con frecuencia a la picaresca en nuestras vidas, sin darnos cuenta de que perjudicamos a la colectividad.  Así es que, si asumimos nuestra parte de culpa en todo lo relacionado anteriormente, estamos admitiendo que también a nosotros nos corresponde ser activos en la solución del problema.

 

            Si queremos cambiar esta nación, necesitamos un cambio social profundo que anime y promueva la aparición de empresarios que arriesguen sus inversiones, pero que disfruten  de  mayor comprensión social para su función. Habrá que estimular y apoyar a los buenos trabajadores y ser poco permisivos con los infractores y los incumplidores.

 

            Sustituir tanta burocracia ineficaz e inútil por una productiva formación y educación.  Aumentar la innovación y terminar de una vez por todas, con los enchufes al poder instituido. Disminuir subsidios, amparos e impuestos y ganar liberación y autonomía. Muchos menos políticos de los que hay, pero mejor preparados de lo que están, más honrados y que sean más respetuosos con los ciudadanos que los votan y a los que tienen que servir sin engaños.

 

            En definitiva nuestra supervivencia va a depender de lo que seamos capaces de hacer  con nuestros propios medios. Tenemos que empezar por cambiar nosotros mismos para que cambie nuestro entorno y nuestra sociedad en general. Hasta entonces España no va a ir bien en absoluto, os lo aseguro

 

  

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